El encéfalo, parte del sistema nervioso central, situado en el interior del cráneo, comprende el cerebro, el cerebelo y el bulbo raquídeo. El cerebro se divide en dos partes llamadas hemisferios cerebrales, separadas por una ranura, hallándose, no obstante, unidas en el fondo de la ranura por una masa de fibras blancas llamadas cuerpos callosos.
La superficie del cerebro ofrece repliegues irregulares llamados circunvalaciones cerebrales, más acentuados en el hombre que en cualquier animal (exceptuando casos particulares como el caso de los delfines). El cerebro se compone de una substancia blanca y de una substancia gris. Esta última se halla en menor cantidad y es la que forma la corteza cerebral.
La sustancia gris es la parte del cuerpo más noble, porque en ella se halla el asiento de los movimientos voluntarios y de las funciones intelectuales más elevadas. Está constituida por celdillas nerviosas llamadas neuronas, provistas de prolongaciones; parte de las prolongaciones de estas células agrupadas forman substancia blanca. Otras sirven para comunicar las prolongaciones de una célula con las de otra.
Cuando estas comunicaciones quedan alteradas por defecto de nacimiento o por enfermedad, las facultades intelectuales aparecen perturbadas. Los filamentos de la substancia blanca van unos al cerebelo y otros al bulbo raquídeo, desde donde pasan a la médula espinal. Unos y otros, al salir de los centros nerviosos toman la verdadera estructura de nervios o fibras nerviosas y se distribuyen por todo el cuerpo.
El cerebelo se encuentra detrás y debajo de los hemisferios cerebrales. Consta de dos partes como el cerebro, unidas por una masa central. La materia blanca de su interior lo comunica con otras partes del sistema nervioso, irradiando aquella en una forma especial que recuerda las ramas de un árbol. De aquí el nombre que recibe de árbol de la vida.
El cerebelo parece ser el órgano destinado a coordinar y armonizar los movimientos. Cuando se priva de cerebelo a un animal la vida continúa pero sus movimientos no se coordinan y no puede andar ni volar si se trata de un ave. El bulbo raquídeo o médula oblonga es una prolongación de la médula espinal y es el órgano que establece una comunicación directa entre el cerebro y la médula.
En el mismo nivel de la médula oblonga se entrecruzan los nervios que provienen de los hemisferios cerebrales, de modo que los que provienen del hemisferio derecho van a extenderse por todo el lado izquierdo del cuerpo, y viceversa. Esto explica que una persona que sufra un derrame en el hemisferio izquierdo, por ejemplo, sufra una parálisis del lado derecho del cuerpo.
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