La Botánica, del griego βοτάνη (hierba), es la ciencia que se ocupa de los vegetales. El concepto de vegetal, que estaba claro en tiempos de Aristóteles, ha quedado desdibujado por el desarrollo del conocimiento, de manera que a su vez se define por ser el objeto de estudio de la Botánica. En la práctica los botánicos estudian las plantas, las algas y los hongos. En el campo de la Botánica hay que distinguir entre una Botánica pura, cuyo objeto es ampliar el conocimiento de la Naturaleza, y una Botánica aplicada, cuyas investigaciones están al servicio de la tecnología agraria, forestal, farmacéutica…
En inglés el estudio en su concepto más amplio de los vegetales se llama cada vez más Plant Biology, cuyo equivalente en español sería Biología Vegetal, reservando el término Botany cada vez más para el estudio de la diversidad (Sistemática) y las adaptaciones de los vegetales.
Un sinónimo poco utilizado de Botánica es Fitología, de las raíces griegas φυτόν (planta) y λόγος (tratado, ciencia), que sería el término homólogo de Zoología (el estudio de los animales).
La botánica cubre un amplio rango de contenidos, que incluyen aspectos específicos, propios de los vegetales, de las disciplinas biológicas que se ocupan de la composición química (Fitoquímica), la organización celular (Citología Vegetal) y tisular (Histología Vegetal), del metabolismo y el funcionamiento orgánico (Fisiología Vegetal), del crecimiento y el desarrollo, de la morfología (Fitografía), de la reproducción, de la herencia (Genética Vegetal), de las enfermedades (Fitopatología), de las adaptaciones al ambiente (Ecología), la distribución geográfica (Fitogeografía o Geobotánica), los fósiles (Paleobotánica) y la evolución.
Históricamente, la botánica cubre todos los organismos que no eran considerados animales. Entre éstos están los hongos (estudiados por la Micología), las bacterias (estudiados en paralelo por la microbiología), y las algas (estudiados por la Ficología). Algas, hongos y bacterias ya no llamadas nunca plantas, pero salvo en el caso de las últimas nadie discute que son materia para la Botánica.
¿Cuál es el significado de la ciencia botánica? Los distintos grupos de vegetales participan de manera fundamental en los ciclos de la bosfera. Plantas y algas son los principales productores primarios, responsables de la captación de energía solar de la que depende toda la vida terrestre, y también, como subproducto, del oxígeno que inunda la atmósfera y justifica que casi todos los organismos saquen ventaja del metabolismo aerobio.
Las plantas también nos proveen de muchos materiales, como el algodón, Madera, papel, lino, aceite vegetal, algunos tipos de cuerdas, y plástico. La producción de seda no seria posible sin el cultivo de la plantas de moreras. La caña de azúcar y otras plantas han sido recientemente colocadas como fuente para usos de *]s, que son una alternativa importante al combustible fósil.
En muchas maneras diferentes, plantas pueden actuar un poco como ‘canarios’ como dando “senales tempranas de aviso” alertándonos de los importantes cambios en nuestro ambiente. En adición a estas razones practicas y científicas, las plantas son sumamente valoradas en la recreación para millones de personas que disfrutan el uso de las plantas todos los días en la jardinería, la horticultura y las arte culinario.
Por su proximidad a la muy práctica intención de obtener alimento el estudio de las plantas es uno de los que han dejado rastros más antiguos. Los primeros escritos de que se tiene noticia fueron registros de plantas alimenticias o medicinales, por ejemplo, el Libro de jardinería de Marduk-Apal-Iddina II (siglo VIII adC), rival de Sargón de Asiria y gobernante de Babilonia, que trata de las plantas comestibles, forrajeras, condimenticias, medicinales u ornamentales que se cultivaban por entonces en Mesopotamia.
Un primer interés científico, o más bien filosófico, lo encontramos en Empédocles de Agrigento (490-430 adC), el representante más conocido de la escuela pitagórica. Explicó que las plantas no sólo tienen alma, sino también alguna forma de sentido común porque, por mucho que lo estorbemos, insisten en su intención y crecen hacia la luz. Empédocles también señaló que el cuerpo de una planta no forma un todo integrado, como el de un animal, sino que parece como si cada parte viviera y creciera por su cuenta. Ahora expresariamos la misma idea en términos de desarrollo abierto o indeterminado.
Aristóteles (384-322 adC) escribió extensamente sobre animales, pero no sobre plantas. Teofrasto (372-287 adC), poco más joven, fue su discípulo y heredo de él la dirección del Liceo, además de su biblioteca. Teofrasto dejó dos obras importantes que se suelen señalar como origen de la ciencia botánica: Historia de las plantas y Sobre las causas (el crecimiento) de las plantas. La obra de Teofrasto es la más importante sobre el tema de toda la Antigüedad y la Edad Media.
Los romanos abordaban todo con un sentido más práctico, menos emparentado con la ciencia pura que con la ingeniería o la ciencia aplicada. Ese carácter práctico lo encontramos en la obra de Plinio el Viejo (23-79), Naturalis Historia (Historia Natural), donde la atención prestada a las plantas es por otra parte muy limitada. La misma orientación práctica anima la obra de Dioscórides (s. I), médico griego al servicio del ejército imperial romano, cuya obra De materia medica está dedicada, como su título indica, a las fuentes de los medicamentos. No tiene nada que ver con la obra de Teofrasto, que es una verdadera enciclopedia botánica.
En el siglo XVI se fundaron, en el norte de Italia, los primeros jardines botánicos. El estudio empírico de las plantas de cada país y de las exóticas, traídas por los exploradores europeos y cultivadas en los jardines, comenzó de nuevo, y empezaron a publicarse tratados y catálogos que ya no se limitaban a reproducir o simplemente comentar la obra de los antiguos, sino que, comprobada la insuficiencia de los catálogos antiguos, buscaban obtener y presentar un conocimiento lo más exhaustivo posible de la diversidad de las plantas. Destacan en esta tarea obras como las de Lonicer, Dalechamp, Monardes o Clusius (L'Écluse), Gesner o Fuchs. El esquema clasificatorio siguió siendo en este periodo deudor del de Teofrasto.
Pinax theatri botanici (1623), del suizo Gaspard Bauhin, recogía ya unas 6.000 especies vegetales que el autor se esforzó por clasificar en grupos naturales, en vez de en una lista alfabética, como sus predecesores. Sin embargo el criterio empleado, la forma de las hojas, resulta poco apropiado. Bauhin también empezó a usar las categorías de género y especie, en un sentido próximo al que llegaron a adquirir después en la Biología sistemática.
La necesidad de criterios de clasificación impulsó la investigación de las partes de las plantas y de sus funciones. Andrea Cesalpino, en su De plantis libri XVI (1586) explicó que la clasificación debía basarse en caracteres objetivos, rasgos de las plantas, y no en la utilidad. Su éxito en lograr una clasificación natural fue limitado, pero es además el primero que incluyó el estudio de «vegetales» hasta entonces excluidos, como algas, musgos, helechos, equisetos, hongos y corales, mucho antes de que se comprendiera que estos últimos son en realidad animales.
El trabajo más importante de Sistemática vegetal en el siglo XVII es la Historia generalis plantarum (Historia general de las plantas) del inglés John Ray, en el que bebió Linneo, que lo proclamó «fundador» de la Sistemática. Ray introdujo los conceptos de monocotiledónea y dicotiledónea en la clasificación de las entonces llamadas «plantas perfectas».
El siglo XVII es el del nacimiento de la ciencia moderna, impulsada por la obra de Galileo, y de la multiplicación de las academias científicas, como la Accademia dei Lincei, fundada en 1603, la británica Royal Society, de 1660, o la francesa Academia de Ciencias (Académie des Sciences), de 1666.
En 1665, utilizando uno de los primeros microscopios compuestos, Robert Hooke descubrió en el corcho que la materia vegetal está constituida por celdillas (células). Anton van Leeuwenhoek hizo por la misma época las primeras observaciones de organismos microscópicos, entre ellos algunos del ámbito amplio de la botánica, como las bacterias. Nehemiah Grew (1641-1711) examinó metódicamente las estructuras de las distintas partes de las plantas, observando que todas ellas están hechas de células, publicando sus resultados en su Anatomía de las plantas (The anatomy of plants, 1682). Marcello Malpighi (1628-1694) aplicó el microscopio al estudio de la anatomía de toda clase de organismos; su Anatomia Plantarum (1671), contiene sus observaciones sobre las plantas.
Bernard Palissy (1510-1590) explicó por qué las plantas necesitan abono. Woodward mostró en 1714 que las semillas germinadas no se desarrollan en agua pura, pero si en un extracto de suelo. Jan Van Helmont (1577-1644) dio los primeros pasos para la comprensión del papel del agua en la nutrición de las plantas, pero fue E. Mariotte (1620-1684) quien demostró que para formar su masa las plantas necesitan además del agua, materia tomada del suelo y del aire.
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