Obra de tejido tradicionalmente hecha a mano en la que se producen figuras semejantes a las de un cuadro utilizando hilos de color.
Desde su origen remoto servían para abrigar las paredes en tiempo frío, evitando la radiación fría (mejor dicho, la absorción de la radiación infrarroja emitida por el cuerpo humano, que enfría la piel) y, por lo tanto dar sensación de calor en las estancias. Así pues, lo más probable es que los primitivos tapices fueran simplemente un paño grueso, colgado de las paredes o extendido en el suelo. Con el tiempo, fueron convirtíendose en objetos suntuarios, con decoración, y en auténticas obras de arte.
Se distinguen dos tipos de tapices, según la posición de los lizos o cordelillos que unen las bandas o secciones de la urdimbre con las perchas que se hallan en la extremidad superior a ésta y que facilitan el movimiento de los hilos:
Con el tiempo, el tapiz se ha convertido en una obra suntuaria y muy costosa que, a su utilidad inicial, ha añadido la de embellecer los muros interiores de la iglesias y los salones lujosos y contribuir al esplendor de las grandes fiestas como artículo decorativo de primer orden y de carácter movible. Por ello, la Iglesia católica, primero en Oriente y después en Occidente hubo de adoptar los tapices para el esplendor del culto religioso, no teniendo inconveniente durante la Edad Media en servirse de ellos y de estofas semejantes aun cuando las figuras que ostentaban las piezas de manufactura oriental nada tuvieran de religioso. Este uso contribuyó en gran manera al progreso y extensión de esta industria y de muchas otras orientales, cooperando al mismo fin las expediciones de las Cruzadas.
El tapiz es uno de los objetos más antiguos que puede considerarse mueble decorativo. De él se hacía uso para cubrir vanos y paredes, pisos y muebles importantes pues hasta el siglo XVI se confundían a cada paso los tapices propiamente dichos con los tapetes y alfombras. Desde el siglo XV, se emplea asimismo para colgaduras en la decoración de las vías públicas con motivo de la celebración de un acontecimiento o recepción solemne. Desde el siglo XVII se populariza el uso de las alfombras y tapetes, distinguiéndolas perfectamente de las tapicerías. Para cubrir las paredes de salones lujosos se emplea también desde el siglo XVI el terciopelo de seda bordado y el damasco y desde el XIV ó XV los guadameciles.
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