La política fiscal es una política económica que usa el gasto público y los impuestos como variables de control para asegurar y mantener la estabilidad económica (y entrar en déficit o superávit según convenga). Por lo tanto, es una política en la que el Estado participa activamente, a diferencia de otras como la política monetaria.
El proceso se resume en este gráfico, que marca una inversión fija y unos impuestos proporcionales a la producción:
Leyenda:
Hay que aclarar que el déficit (déficit fiscal, ya que se trata de un gobierno) no es necesariamente algo malo que hay que evitar. Los partidarios de la política fiscal creen que, en vez de intentar estar en el punto de equilibrio (P1 en la gráfica), va bien aumentar el gasto público para incentivar la economía; por tanto G>T y hay déficit.
Los dos mecanismos de control sugeridos por los keynesianos (los seguidores de la política fiscal) son:
De los dos, es más importante el control de la inversión pública. Pero si hay que elegir entre hacer que el estado gaste más o bajar los impuestos, los políticos suelen preferir lo segundo, porque es inmediato, reversible, y les da buena fama.
A continuación se explica cada uno de estos métodos.
Gasto público' (inversión pública) es cuánto dinero gasta el estado en pagar los proyectos públicos, como carreteras y otras construcciones.
La política fiscal dice que cuantas más obras haya en el país, mejor para la economía (ya que si las fábricas cierran, no hay empleo). En cambio, si contratan a trabajadores estarán disminuyendo el paro, y al necesitar más materias primas, los empresarios tendrán que aumentar la producción, o sea, que estará aumentando el producto interior bruto.
Por eso mantenerse siempre en estado de déficit (gastando más de lo que se gana con los impuestos) no es malo para un estado, sino que ayuda a la economía.
Si aumenta la renta de los consumidores (el dinero que la gente tiene disponible para gastar), entonces pueden gastar más, y es probable que lo hagan. Hay medidas para saber qué porcentaje de la renta se gasta; son la propensión marginal al consumo y la propensión marginal al ahorro.
El estímulo del consumo permite mejorar la economía gracias al efecto multiplicador, un punto importante de la teoría de Keynes. Dice que el dinero, al pasar de mano en mano, va generando incrementos en la producción (producto nacional). No es magia; veamos un ejemplo:
Supongamos que la propensión marginal al consumo (PmaC) es del 0.8, o sea, que todos gastan el 80% de lo que ganan (ahorran poco).
- Yo compro algo a alguien por 100 euros. Eso hace aumentar el producto nacional en 100 euros.
- El vendedor, 100 euros más rico, es también un consumidor, y gastará el 80% de esos 100 euros comprando otra cosa. O sea, gasta 80 euros. El PIB sube 80 euros más.
- Quien acaba de recibir los 80 euros, gasta un 80% de ello, o sea, 64 euros. El PIB sube 64 euros.
- Quien recibe los 64, gasta el 80%; el PIB sube 51.2 más
- El siguiente hace subir el PIB 40.96
- Etcétera: 32.77, 26.21, 20.97, 16.78, ...
¿Cuánto ha aumentado el producto nacional, en total? Pues 100 + 80 + 64 + 51.2 + 40.96 + ... Esta serie equivale a 100/(1-0.8), que son 500 euros.
Por tanto, una inversión de 100 euros ha hecho aumentar el producto nacional en 500.
Por eso bajar los impuestos (aumentando la renta disponible) aumenta el producto nacional. El subirlos, lo reduce, y puede ser la acción apropiada si se quiere salir de un superávit (por ejemplo si hay mucha inflación).
Puede ser expansiva o restrictiva:
Los mecanismos a usar son:
Los mecanismos son los contrarios que en la expansiva, y más duros:
La política fiscal es la propuesta por John Maynard Keynes, que propone teorías innovadoras. Por ejemplo:
Estas teorías revolucionarias dan comienzo a la macroeconomía como ciencia.
Algunos conceptos que intervienen en la teoría de Keynes son:
La política fiscal dejó de ser efectiva en los años 70, porque no pudo explicar la situación conocida ahora como estanflación, que consiste en haber mucha inflación pero a la vez mucho desempleo. La causa fue la crisis del petróleo de 1973.
Otras críticas que recibe son:
En caso de recesión se aplica una política expansiva: se aumenta el gasto público o se bajan los impuestos. Para poder financiarse, el Estado necesita dinero, y lo encuentra en el mercado privado: vendiendo títulos de deuda pública. Al vender tantos, el precio de los títulos baja, y la gente compra más ya que parecen rentables. Al final, la gente está invirtiendo mucho en el Estado, pero no en el mercado privado, que era lo que se pretendía.
En resumen, puede bajar la demanda de inversión cuando lo que se esperaba era que aumentara.
En el caso anterior (se emite Deuda pública para financiarse), si los títulos los compran los extranjeros, la moneda propia subirá de valor. Eso hará que bajen las exportaciones (porque a los de fuera les sale más caro comprar), y no es bueno que pase eso en una fase de recesión.
Para que funcione bien la política fiscal, hay que tener muy en cuenta el ciclo económico, ya que si se aplica una política restrictiva durante el período de recesión, será un fracaso.
Se tiene que conocer la situación actual en el ciclo, cosa que no es fácil.
Los clásicos opinan que no siempre estamos a gastar el mismo porcentaje de nuestra renta; por tanto, la propensión marginal al consumo (o al ahorro) no es constante. Además, depende mucho de cada tipo de persona.
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