Podar es el proceso de recortar un árbol o arbusto. Hecho con cuidado y correctamente, la poda puede incrementar el rendimiento del fruto; así, es una práctica agrícola común. En producción forestal se emplea para obtener fustes más rectos y con menos ramificaciones, por tanto de mayor calidad. En arbolado urbano su utilidad es, por un lado, prevenir el riesgo de caída de ramas, y por otro controlar el tamaño de árboles cuya ubicación no permite su desarrollo completo.
Con frecuencia, en jardinería, se utiliza la poda para conseguir formas artificiales en los árboles o arbustos. Bien ejecutada y repetida con la periodicidad adecuada puede aumentar el valor ornamental de los mismos. Sin embargo con frecuencia se practica de forma inadecuada, ocasionando pudriciones de la madera que acortan la vida de los árboles e incrementan el riesgo de rotura de ramas.
Cada árbol exige un tipo de poda diferente. Como norma general las podas más importantes son:
Las podas de ramas viejas y secas se realizan para prevenir que exista una excesiva cantidad de madera seca que permita una gran combustión en caso de incendio. Son podas de limpieza. El proceso por el cual un árbol se protege de la entrada de organismos parásitos en los cortes de poda fue descrito en 1977 por Alex Shigo, denominándose modelo CODIT (Compartimentation of decay in Trees).