La pascua es un término religioso formado a partir del hebreo pésaj (que significa paso), en el castellano procede del latín páscae, y éste a su vez del griego paska).
Los judíos celebran la Pascua (pésaj), para conmemorar su escape del cautiverio de manos de los egipcios (aproximadamente en 1250 a.C.).
El pésaj judío se origina en la historia contada en la Biblia (Éxodo 12.5-14), en la que el dios Yahvé mató a todos los hijos mayores de los egipcios. El líder religioso Moisés dijo que Yahvé se le había aparecido y le había ordenado:
Los sacerdotes judíos se acogen fielmente a lo exigido por su libro. El pan no fermentado recuerda la salida apresurada, en que faltó tiempo para hacer fermentar el pan (18 minutos). Esto debe cumplirse durante los 7 días anteriores a la Pascua.
La pascua se relaciona también con el «paso» del Mar Rojo, que según la Biblia sucedió inmediatamente después de la salida de los esclavos judíos de Egipto (Éxodo 14.5-30):
Luego de esto se debe celebrar la fiesta de los primeros frutos de la cosecha, en este caso de la cebada y cincuenta días más tarde (7 semanas) del trigo, dando origen a Pentecostés o schavuot (semanas).
La Pascua de Resurrección es la celebración cristiana que conmemora la resurrección de Jesucristo.
La fecha de celebración varía entre el 22 de marzo y el 25 de abril, ya que tiene lugar el domingo siguiente a la primera luna llena de primavera del hemisferio norte. Existe una fórmula que permite el cálculo de la fecha de Pascua.
Los primeros cristianos por ser judíos celebraban la Pascua tomando la relación con Jesús como el cordero de Dios (en latín agnus Dei), que quita los pecados del mundo. En el concilio de Nicea bajo Constantino los cristianos transformaron la celebración de la Pascua judía como fiesta de la resurrección de Jesús de Nazaret. Allí mismo se inició la separación enemistosa entre el judaísmo y el cristianismo, produciendo malentendidos que ocasionaron en distintos siglos y lugares, confrontaciones y persecuciones contra los judíos, creando leyendas e inculpaciones en muchos casos absurdas.
Esta fiesta determina el calendario móvil de otras fiestas: así la Ascensión (el ascenso de Jesús al cielo) se celebra 40 días después y Pentecostés 10 días después de la Ascensión. La semana anterior a la Pascua de Resurrección es la Semana Santa, que comienza con el Domingo de Ramos que conmemora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. La Semana de Pascua es la semana que sucede a este Domingo de Pascua (o Domingo de Resurrección).
En algunos lugares, el nombre Pascua se ha extendido a otras celebraciones cristianas, relacionadas con Navidad (el nacimiento de Jesús) o con Semana Santa (su «pasión» y muerte).
Los 200 millones de cristianos ortodoxos del mundo utilizan un calendario diferente al de la iglesia católica romanas y protestante, razón por la cual la celebración es en una fecha distinta. La celebración usualmente es acompañada de oraciones en las iglesias y cenas tradicionales con cordero, pero en algunas partes del mundo ortodoxo, a veces se celebra con fuegos artificiales e incluso disparos al aire.
Los huevos de pascua se originan en una celebración precristiana que celebraba el equinoccio de primavera. La idea original era pintar huevos con colores brillantes que representaban el sol de primavera, que representa el misterio, la magia y la alegría de la vida. Diversos pueblos (chinos, egipcios, hindúes, persas, galos, romanos) han adorado al huevo como símbolo universal de la vida.
Desde varios milenios antes de nuestra era, en las culturas mediterráneas, al principio de la primavera (en esta época de marzo) se hacía una fiesta de varios días (hasta una semana) de duración en la primera luna llena de la primavera, por el “paso” del invierno a la primavera.
En estas fiestas se comía pan sin levadura y se realizaban danzas «laberínticas» (con pautas complicadas). Esos patrones se han registrado también en lugares tan separados como Gales (cultura celta) y el nordeste de Rusia.
Según el historiador y novelista Robert Graves, en Los mitos griegos (1955), el laberinto del Minotauro, en Cnosos, no era un verdadero laberinto con paredes, sino que era un dibujo en mosaico sobre un pavimento como un patrón de la danza ritual cretense.
Esta danza se bailaba en Italia (según Plinio, Historia natural 36.85) y en Troya (Escoliasta sobre Andrómaca de Eurípides 1139) y parece haber sido introducida en Britania hacia fines del tercer milenio antes de nuestra era por inmigrantes neolíticos provenientes de África del norte.
Homero (en La Ilíada 18.592) describe el laberinto de Cnosos de la siguiente manera:
Lucitano (Sobre la danza 49) se refiere a danzas populares cretenses relacionadas con Ariadna y el laberinto que se bailaban en las fiestas del comienzo de la primavera.
La escena tiene lugar el día de la muerte ritual del rey, y la diosa Luna (en este caso Pasífae) ha salido a su encuentro: una terrible figura con túnica y con un amenazante brazo en jarras. Con el otro brazo extendido le ofrece una manzana, que es su pasaporte para el Paraíso; las tres jabalinas que lleva cada hombre significan la muerte.
Sin embargo al rey le acompaña una pequeña figura femenina con túnica como la otra; quizá sea la princesa Ariadna (que ayudó al héroe Teseo a salir del laberinto mortal en Cnosos). El rey muestra audazmente, como un contrahechizo de la manzana, un huevo de pascua, el huevo de la resurrección. La pascua era la estación en que se realizaban las danzas «Ciudad de Troya» en los laberintos hechos sobre el césped (quizá como una coreografía) en Gran Bretaña prehistórica y también en Etruria.
En el frente de la jarra hay un dibujo laberíntico que se encuentra no sólo en ciertas monedas de Cnosos, sino también en los intrincados dibujos hechos en el césped y que hasta el siglo XIX pisaban los escolares británicos en la Pascua de Resurrección.
Un huevo sagrado etrusco de traquita negra pulimentada, encontrado en Perusa (Italia), con una flecha en relieve a su alrededor, es este mismo huevo sagrado.
Entre los siglos IX al XVIII, la iglesia prohibió el consumo de huevos durante la cuaresma, por considerarlo equivalente a la carne, por lo que la gente los cocía y los pintaba para diferenciarlos de los frescos y poderlos consumir el día de Pascua de Resurrección.
Con el tiempo estas tradiciones fueron incorporadas a la festividad de Pascua de Resurrección y hoy en día el “huevo de pascua” es un símbolo universal. Para muchos, el huevo se asemeja a la resurrección como un símbolo de vida nueva.
En la actualidad, la tradición continúa con algunas variaciones. En Europa se mantiene la costumbre que data desde la Edad Media de adornar huevos con teñidos y pintados. Aunque parece que la práctica de huevos ornamentales era principalmente elaborada por clases altas o de recursos, se difundió a decoraciones más sencillas, como con el empleo de hojas de árbol para crear patrones sobre el cascarón. El comercio y la modernidad por su parte se ha encargado de incorporar los huevos de chocolate, y los huevos de plástico para ser llenos de dulces, y que supuestamente son escondidos por “el conejo de pascua” para que los niños los busquen, y por consiguiente, encuentren y coman. Éste mito se originó (muy probablemente) cuando en los meses de abril o mayo, cuando algunos gansos del norte ponen huevos, unos niños entraron a un granero y vieron salir corriendo un conejo, cuando después encontraron un huevo, concluyeron que fue el conejo que lo había dejado atrás.
En 2006, en Londres, Maison du Chocolat puso a la venta un huevo de pascua decorado con incrustaciones de diamantes, a un coste de 76.000 euros.
Un cuento da explicación a la existencia del “conejo de pascua”. Se dice que un conejo estuvo encerrado en el sepulcro junto a Jesús y presenció su resurrección. El conejo al salir de la cueva junto con Jesús, fue el mensajero que comunicó a todos la buena nueva, regalando huevos pintados.
Los misterios de Eleusis, fundados en fecha muy temprana —sin duda antes de redactarse los poemas homéricos— fueron durante más de un milenio el símbolo espiritual de la cultura griega. Se sabe que la iniciación era en la Pascua (aunque otros autores dicen que era en la primera luna llena del equinoccio de otoño, en septiembre).
Se realizaba la ceremonia del pan (dedicado a Ceres, la diosa de los cereales) y del vino. Debido a los efectos que producía el pan kykeón, actualmente se piensa que estaba contaminado con algún agente alucinógeno visionario, por ejemplo con cornezuelo de cebada, que hoy sigue creciendo en la llanura de Raros (cerca de Atenas), donde se celebraban los ritos eleusinos.
El de la cebada es un cornezuelo mucho menos tóxico que el de otras regiones europeas, aunque muy psicoactivo; para obtener sus efectos basta pasar por agua las gavillas de cereal y luego tirarlas, pues —al revés que los componentes venenosos— la amida del ácido lisérgico es hidrosoluble.
Considerando que esa agua fue el vehículo utilizado por los administradores del santuario es fácil comprender —sin recurrir a la simple credulidad de los fieles— el hondo e infalible efecto del sacramento teofágico (del griego zeós: ‘dios’ y fagós: ‘comer’).
Entre las personas que participaron en este ritual se encontraban algunos con la capacidad intelectual de Sófocles, Píndaro, Platón, Aristóteles, Marco Aurelio. Cicerón dice (en De leg., 2):
Se sabe que en el siglo II de nuestra era todavía acudían unas 3000 personas a las «fiestas del Paso».
La religión eleusina —basada en este solo acto anual de gran intensidad, orientado a producir una experiencia extática de muerte y resurrección— fue probablemente una ingeniosa adaptación de viejos ritos chamánicos protoeuropeos a la nueva cultura que Grecia empezaba a ser.
La misma adaptación quedó registrada en toda la cuenca mediterránea. Más o menos por la misma época (o posterior) se conocen misterios del pan y danzas de pascua en Sabazios, en Samotracia, y otros dedicados a Mitra (en Persia), Attis, Dioniso (el dios griego del vino) y Baco (el dios latino equivalente a Dionisos).
En Egipto (probablemente mucho antes de los misterios eleusinos) el sacerdote administraba una especie de hostia sacramental, mediante la cual se «recibía» a la diosa Isis dentro del propio cuerpo. Los ritos fueron diseñados por un miembro de la familia eumólpida, administradora perpetua del santuario de estos misterios.
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