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Tenoch2A.jpg __TOC__ Se llama la noche triste a la derrota sufrida por las huestes de Hernán Cortés a manos de los guerreros aztecas la noche del 30 de Junio de 1520 en Tenochtitlan (hoy ciudad de México).

Entra Cortés a la Gran Tenochtitlan


El día 8 de noviembre de 1519 Cortés y su ejército entraron en la capital del imperio azteca, México-Tenochtitlan, el emperador Moctezuma II rodeado de la nobleza azteca le esperaba, Cortés se apeó para abrazar al Señor de México, pero Cacamatzin, Señor de Texcoco y Cuitláhuac, Señor de Iztapalapa lo impidieron, el soberano mexica era intocable. Cortés se quitó un collar de margaritas y cuentas de vidrio y lo puso en el cuello de Moctezuma II, mientras los príncipes aztecas después de engalanar a Cortés con flores le colgaron un collar de caracoles de los que pendían camarones de oro. Después del recibimiento Hernán Cortés fue hospedado en el palacio de Axayácatl, en el centro de la isla-ciudad.

Residiendo los españoles en el palacio, se les ocurrió de que ya era hora de tener capilla propia y, puesto que Moctezuma se había negado a que la erigieran en el cú de Huchilobos, resolvieron levantarla en su alojamiento, previo permiso del emperador. Buscando los capitanes el mejor sitio para emplazarla, un soldado que era carpintero, notó en una pared la existencia de una puerta tapiada y encalada de pocos días. Entonces recordó que se murmuraba que en aquellos aposentos tenía depositados Moctezuma los tesoros que había ido reuniendo su padre Axayácatl.

Allí entraron Cortés y algunos capitanes y tras la vista de un enorme tesoro, ordenó que se volviera a tapiar. Empezó a inquietar entonces la posibilidad de ser asesinados. Cuatro capitanes y doce soldados se presentaron a Cortés para hacerle presente la conveniencian de prender al emperador, manteniéndole como rehén, para que respondiera con su vida de la vida del ejército.

No se tomó de momento ningún acuerdo. No obstante, una noticia precipitó la resolución.

Toman prisionero al emperador Moctezuma


El pretexto para hacer prisionero a Moctezuma II lo obtuvieron en Nautla, un pueblo totonaca que se había aliado con los españoles. Al llegar los señores de México-Tenochtitlan a cobrar el tributo debido, el cacique totonaca se negó a hacerlo bajo el argumento de que no eran ya vasallos de los aztecas y pidió ayuda a la guarnición española estacionada en el puerto de Veracruz, devino una escaramuza entre los bandos que culminó con la muerte de siete españoles entre ellos su capitán Juan de Escalante.

Cortés al ser enterado del suceso reprochó a Moctezuma II su hipocresía y lo tomó prisionero, Moctezuma fue conducido al palacio de su padre Axayácatl que Cortés había convertido en su cuartel. Los vasallos de Moctezuma al verlo pasar prisionero se enfurecieron y demandaron arrojar a los españoles de la ciudad. Cortés exigió a Moctezuma le entregara al cacique Cuauhpopoca el noble azteca que había sido a sus ojos el causante de la muerte de los soldados españoles, Moctezuma lo hizo presentar junto con sus notables. Dos días más tarde Moctezuma recibió la segunda afrenta, los españoles lo encadenaron para poder consumar sin temor alguno la muerte de Cuauhpopoca y su séquito a quienes dieron muerte atados a postes en una hoguera.

La matanza del templo mayor


Cuando Cortés tuvo que ausentarse para enfrentar a la expedición de Pánfilo de Narváez dejó como sustituto a Pedro de Alvarado, al cargo de un batallón de 140 soldados que deberían resguardar y proteger al prisionero Moctezuma II, preciado cautivo que les aseguraba la neutralidad de los nativos ya que Moctezuma los consideraba enviados divinos y les pedía a sus vasallos los trataran con respeto. La situación de los españoles era en extremo delicada, sabían que eran muy pocos hombres como para contrarrestar un ataque de los guerreros aztecas, el nerviosismo de Alvarado hizo crisis y ordenó atacar a los señores aztecas que estaban indefensos celebrando una fiesta religiosa para la cual el mismo Alvarado había dado permiso.

En esa matanza del templo mayor, tristemente célebre, perecieron cientos de hombres, mujeres y niños, hecho que encendió la mecha para la sublevación que ocurrió poco después que Cortés regresara y tratara de calmar los ánimos por lo que solicitó a Moctezuma II hablara a su pueblo para tranquilizarlo. En un intento para sofocar el violento tumulto, Moctezuma II se asomó a la balconada de su palacio, instando a sus seguidores a retirarse. La población contempló horrorizada la supuesta complicidad del emperador con los españoles, por lo que comenzaron a arrojarle piedras y flechas que lo hirieron mortalmente, falleciendo poco tiempo después del ataque.

Según la versión azteca, todos los nobles aztecas que se encontraban en poder de los españoles fueron ejecutados al dejar de ser útiles. El Códice Ramírez, escrito después de la conquista por un azteca cristianizado, reclama que a Moctezuma no se le administraron los últimos sacramentos, pues los sacerdotes que acompañaban a Cortés estaban buscando oro.

Muerto Moctezuma II, los señores y los sacerdotes eligieron a Cuitláhuac como su gobernante y caudillo de guerra. Éste desplegó gran actividad para alistar tropas, buscar alianzas con algunos pueblos y tratar de destruir a los invasores españoles.

El llanto de Cortés


Los combates entre aztecas y españoles duraban ya una semana, los españoles y sus aliados indígenas estaban cercados en el palacio de Axayácatl y sus alrededores casi sin alimentos por lo que decidieron huir, al punto de la medianoche del 30 de junio de 1520, Cortés dio la señal de partida y bajo la consigna de silencio, marcharon por un puente de canoas en dirección a Tlacopan sigilosamente cuidando del relincho de las bestias. Al llegar al canal Tolteca Acaloco, una anciana mexica que había salido a tomar agua en un cántaro advirtió la huida de los españoles y advirtió a los guerreros aztecas. Pronto empezó a sonar el tambor de piel de serpiente del templo de Huitzilopochtli y los españoles se vieron rodeados por miles de embravecidos guerreros. En cuestión de minutos la laguna que rodeaba México-Tenochtitlan hirvió de canoas repletas de nativos armados de lanzas y flechas, en tanto desde las azoteas miles de guerreros atacaban la retaguardia, otros nativos cortaron los puentes a tierra firme, que estaban hechos de canoas amarradas unas con otras.

Lograron salvarse los soldados que prefirieron deshacerse de las joyas y oro robado, en tanto los que iban cargados de armadura, oro y joyas murieron ricos y ahogados. Hombres y caballos se ahogaron en las acequias y pozas, se perdió la artillería, los indios aliados de Cortés fueron diezmados y la mitad de la tropa española quedó muerta o herida. Casi la totalidad del tesoro recién robado se perdió.

Cortés, quien se había quedado en la calzada de Tacuba hasta el amanecer, tratando de rescatar a sus compañeros, se sentó bajo un gran árbol, un ahuehuete, a llorar la pérdida de Tenochtitlan y de la mitad de su ejército. A esa noche con acierto los cronistas la llamaron la Noche Triste porque fue la más amarga de todas las noches pasadas por los conquistadores en esas tierras.

Epílogo


Los aztecas celebraron con gran júbilo la derrota de las tropas de Cortés sacrificando a sus dioses los prisioneros que tomaron. La caída final de la Gran Tenochtitlan demoró más de un año y para conquistarla, destruirla y refundarla los españoles requirieron de la ayuda de miles de nativos aliados suyos y enemigos de los aztecas.

Véase también


Historia de México

Siege of Tenochtitlan | Noche Triste | La Noche Triste

 

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