La muerte puede referirse a un estado o a un evento. La muerte como estado es el opuesto a la vida; la muerte como evento es el fin de la vida, opuesto al nacimiento. El evento de la muerte es la culminación de la vida en un organismo vivo, mientras que el estado es lo que sucede a dicho evento. Sinónimos de muerte son occiso y cadáver.
Biológicamente, la muerte puede ocurrir a un todo, a parte de un todo o a ambos. Por ejemplo, es posible para una célula individual e incluso para un órgano el morir, y aún así el organismo como un todo puede continuar viviendo. Las células de un organismo por lo usual viven por un tiempo corto, por lo que mueren y son reemplazadas por otras nuevas continuamente.
El sentido inverso también puede ocurrir, muriendo el organismo pero sobreviviendo algunas células y órganos, los cuales pueden ser utilizados para transplantes. En dicho caso, sin embargo, los tejidos aún vivos deben ser extirpados y transplantados rápidamente o mueren en un período corto al encontrarse sin su anfitrión.
Se suele decir que una de las características clave de la muerte es que es definitiva, y en efecto, los científicos no han sido capaces hasta ahora de presenciar la muerte de un organismo vivo que después vuelva a la vida. Sin embargo, hay muchas religiones que no están convencidas de que la muerte sea siempre y necesariamente irreversible, y por ello algunas personas creen literalmente en la resurrección después de la muerte, mientras que otros tienen fuertes esperanzas en el desarrollo de la criónica o criogenia.
La función biológica de la muerte existe principalmente para permitir la evolución de una especie.
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El tipo de muerte más importante para el ser humano es sin duda la muerte humana. La reflexión acerca de la muerte del ser humano trae consigo algunas preguntas.
En primera instancia, ¿cómo puede ser determinado el momento exacto de una defunción? Esto resulta importante por varios motivos. Conocer con certeza el instante de una muerte sirve entre otras cosas para asegurar que el testamento del difunto será únicamente aplicado tras su muerte, y en general guiarnos con respecto a cuándo actuar apropiadamente ante una persona difunta. En particular, identificar el momento exacto de la muerte es importante en casos de transplante de órganos, ya que los órganos deben ser retirados del cuerpo lo más pronto posible tras la muerte.
Históricamente los intentos por definir el momento preciso de la muerte han sido problemáticos. Antiguamente se definía la muerte (evento) como el momento en que cesan los latidos del corazón y la respiración, pero el desarrollo de técnicas de reanimación cardiopulmonar ha desafiado estos conceptos. Actualmente es posible reiniciar el latido del corazón y la respiración una vez detenidos.
Hoy en día, cuando es precisa una definición del momento de la muerte se suele recurrir a la "muerte cerebral" o "muerte biológica", por la cual se considera difunta una persona cuando cesa la actividad eléctrica en el cerebro. Se cree que el cese de actividad eléctrica significa el fin de la conciencia. Algunos consideran que es suficiente con el cese de actividad eléctrica sobre la neo-corteza del cerebro para determinar la muerte, ya que se cree que es allí donde se localiza la conciencia. A pesar de esto, en casi todo el mundo se emplea aún la definición más conservadora, por la cual se considera difunta una persona tras el cese de actividad eléctrica en todo el cerebro.
Incluso en estos casos, la determinación de la muerte puede ser dificultosa. Un electroencefalograma puede detectar impulsos eléctricos aún cuando estos son inexistentes, mientras que han existido casos en los cuales la actividad eléctrica no era suficientemente grande como para ser detectada por el electroencefalograma. Debido a esto, los hospitales poseen actualmente rigurosos protocolos para determinar la muerte mediante la electroencefalografía.
La segunda pregunta en surgir de la muerte humana y tal vez la más interesante es qué ocurre al espíritu, conciencia o alma de un ser humano tras su muerte. Preguntas sobre la existencia de la vida después de la muerte o la reencarnación continúan hoy sin resolver. Para muchos, la creencia en la vida tras la muerte es un consuelo en conexión a la muerte de un ser amado o ante la conciencia de la muerte propia. Por otra parte, el miedo al infierno puede hacer de la muerte algo aún más trágico. Las inquietudes humanas con respecto a la muerte han sido históricamente una importante motivación para el desarrollo de religiones organizadas.
Muchos antropólogos creen que los entierros dedicados de los Neandertales son evidencia de su creencia en la vida después de la muerte.
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