Medina del Campo, una villa española Castellanoleonesa de origen prerromano en la provincia de Valladolid y a 50 km de distancia de la capital.
Tiene un Mediterráneo Continentalizado y en su vegetación predomina el pino que rodea a la población. La comarca de Medina del Campo, como casi toda la Meseta española, es una llanura de escasas lluvias, con una vegetación esteparia. Se trata de suaves ondulaciones cultivadas, salpicadas de pinares, con algunos arrollos de escaso o nulo caudal, como el Zapardiel, que cruza la ciudad.
La vegetación silvestre sobrevive en zonas baldías, linderos y cunetas; tiene un corto ciclo vital, destinado a producir un gran número de semillas; por eso, en los meses de primavera, nuestros campos disfrutan de una fugaz explosión de colores, que en verano se torna pajiza y marchita.
La áspera estepa castellana no parece, a primera vista, un lugar adecuado para la fauna, pero nuestra comarca esconde un potencial biológico considerable: hay numerosos animales de pequeño tamaño: gran variedad de insectos, reptiles, pequeños roedores, liebres, zorros, perdices, cigüeñas y las escasas pero apreciadas avutardas. Estas criaturas son únicas en Europa, y son las aves más pesadas capaces de levantar el vuelo, pues un macho adulto puede alcanzar los 15 kg de peso y casi un metro de altura.
Salpicando el paisaje, desde otoño, aparecen charcas y lavajos que, si bien, pueden parecer de tamaño insignificante, son fundamentales para la vida silvestre y para la ganadería extensiva. Algunas de estos pequeños estanques llegan a convertirse en lugares de invernada de aves migratorias como gansos, grullas y otras aves acuáticas.
Por ferrocarril, nos encontramos con un complejo e importantísimo nudo ferroviario del Norte y Noroeste de España. Actualmente se están realizando los proyectos para el corredor de Alta Velocidad (AVE) Norte-Suroeste de España
Por carretera, la autovía A-6 es la vía de comunicación más importante.
Medina del Campo está considerada como Conjunto Histórico Artístico desde el 14 de octubre de 1978 por conservar un extraordinario patrimonio monumental de la época, presidido por la robusta figura del castillo de la Mota, atribuido a Andrés Voca en tiempos de Alfonso IX. Juan II de Castilla lo amplía y engrandece a principios del siglo XV, pero sus años de esplendor llegan con los Reyes Católicos, que en 1493 acometen su restauración y colocan su escudo de armas sobre sus muros de ladrillo macizo. Cesar Borgia, que conseguiría fugarse desde una ventana, Francisco I de Francia o don Fadrique Álvarez de Toledo sufrirían aquí su cautiverio. Su hermosa portada gótica del patio de armas, la escalera de honor, el mirador de la reina y la torre del homenaje con sus artesanados mudéjares, son hoy solemnes decorados para numerosas reuniones culturales, políticas y sociales.
En el casco antiguo brilla una colección de casas nobles, como el palacio renacentista de Dueñas, residencia ocasional de Carlos I, que aloja un hermoso patio plateresco y un generoso zaguán de artesanado mudéjar, el del Almirante del Marqués de Tejada y la Casa Blanca, único botón de muestra de las casas de campo del Renacimiento en toda Castilla. Los edificios civiles ponen su firma con el hospital de Simón Ruiz, fundado por el banquero del mismo nombre, en el siglo XVI y diseñado por Juan de Tolosa; las Carnicerías y el Ayuntamiento de 1660, con sus notables balcones. No perdamos la importancia de sus iglesias, son punto y aparte.
La monumentalidad de la iglesia Colegiata de San Antolín, obra de Rodrigo Gil de Hontañon del siglo XVI, custodia el Pendón de los Reyes Católicos. Ennoblecen su interior un retablo plateresco firmado por Juan de Picardo, Juan Rodríguez y Conelis de Holanda, y el retablo de San Gregorio, decorado con primorosas pinturas renacentistas del siglo XVI. A sus encantos se suman las capillas de las Angustias de Alberto de Churriguera, una Piedad de Juan de Juni, la sillería del coro con bellos relieves de Juan Muniategui del siglo XVII, y un fabuloso órgano de Sebastián Miranda.
La iglesia de San Miguel luce un retablo a modo de tríptico con un descendimiento del siglo XVI de autor desconocido.
Por su parte, la iglesia de Santiago, también obra de Hontañon, custodia el sepulcro del Marqués de la Ensenada, un valioso retablo mayor, posiblemente salido del taller de Pedro de la Cuadra a finales del siglo XVI, y dos suntuosos relicarios del Hermano Domingo Beltrán. Los conventos de la Magdalena, -MM.Agustinas- con yeserías de Jerónimo del Corral y un notable retablo de Esteban Jordán, de Santa Clara, de Santa María la Real y la de los Carmelitas Descalzos completan su oferta artística religiosa y dan testimonio de su recio abolengo.
Destaca el Museo de Las Ferias, que ha sido premiado por la Asociación Profesional de Museólogos de España, (APME) Año 2000 .
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