Una marisma es una clase de humedal poco profundo y plano, en la que la vegetación herbácea predomina sobre la arbórea; especies características —sobre todo cañas y juncos— dominan el perfil de la marisma. Las excelentes oportunidades de ocultamiento que proporcionan la enmarañada vegetación y el suelo anegado suelen albergar una amplia variedad de aves, reptiles y roedores.
Marismas de Santona y Noja-Cantabria.jpg (Cantabria, España)]] Bride-Brook-Salt-Marsh-s.jpg, EE.UU.]]
Las marismas, como otros humedales, se generan por la presencia de un suelo relativamente impermeable y de escaso relieve en las inmediaciones de un cuerpo de agua; según el tipo del mismo, las marismas pueden diferenciarse en estancadas y frescas, así como en salobres y dulces.
Las zonas de marismas han sido tradicionalmente consideradas inhabitables no śolo por las dificultades para la construcción, sino por la presencia de insectos portadores de enfermedades contagiosas, entre ellas la malaria y la fiebre amarilla.
Las marismas cambian de aspecto constantemente, ya que los ríos depositan allí su sedimentos. El barro comienza a tomar altura y se convierte en tierra seca, donde nacen nuevas especies de plantas y árboles que soportan tal cantidad de agua como los alisos (arbustos y árboles caducifolios propios de climas fríos y templados), que retienen en sus raíces la tierra que antes era arrastrada por el viento, permitiendo que otras especies crezcan allí, como robles y arces.
Últimamente las marismas han ido desapareciendo, sobre todo por el accionar del ser humano que las deseca para utilizar su suelo en sembradíos; mientras que otras se han contaminado porque los ríos que las alimentan se contaminan con productos químicos. Esto produce gran devastación en los animales salvajes de la región, pero también pueden afectar al ser humano, ya que, muchas veces, las marismas actúan como protección contra las inundaciones durante las crecidas de los ríos, ya que provocan que las aguas fluyan lentamente, minimizando la violencia de la crecida en zonas situadas corriente abajo. La marisma también actúa como filtro para las impurezas que arrastra el agua que por ellas circula.
En muchos lugares del mundo los conservacionistas abogan para que los gobiernos preserven las marismas para los animales salvajes y para que las personas puedan visitar estos lugares naturales, siendo así un atractivo turístico que genera divisas para el país y puestos de trabajo para quienes las mantienen y los guias especializados.
Dado lo blando del terreno, las marismas están ocupadas por muchos invertebrados, que sirven de alimento a otros animales de la zona como musarañas, ranas, sapos, aves zancudas como las lavanderas y los zarapitos, que hurgan el barro en busca de su sustento. Otras a ves, como el martín pescador y la garza se alimentan de pequeños peces que habitan las aguas bajas de la región. También es un lugar de paso para las aves migratorias, que encuentran en la marisma abundante comida.
En las marismas se multiplican con facilidad los mosquitos y las libélulas, que ponen sus huevos en el agua y se alimentan en la tierra firme aledaña. Las marismas son atractivo para grandes animales, como ciervos, antílopes y zorros, o como en las marismas africanas en las que suelen encontrarse leones y elefantes que se dirigen a ellas a beber.
Algunas marismas son el fruto de la actividad humana. Alrededor de las presas se forman marismas y miles de kilómetros cuadrados de arrozales son producto de la creación humana. Por ejemplo, la reserva de Bharatpur, en la India, fue creada para atraer aves y darles caza, aunque ahora es una valiosísima reserva de la zona.
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