Aunque en los últimos siglos España ha sufrido varias guerras civiles, se conoce como Guerra Civil Española a la que estalló tras un fallido golpe de estado contra el gobierno legítimo de la Segunda República Española y asoló el país entre el 17 de julio de 1936 y el 1 de abril de 1939.
Ha sido considerada como el preámbulo de la Segunda Guerra Mundial puesto que sirvió de campo de pruebas para las potencias del Eje y la Unión Soviética, además de que supuso una confrontación entre las principales ideologías políticas que entonces convivían en Europa y que entrarían en conflicto poco después: el fascismo, la democracia de tradición liberal y los diversos movimientos revolucionarios (socialistas, comunistas, estalinistas y trotskistas, y anarquistas). Los partidos republicanos defendieron el funcionamiento democrático del Estado por medio de la Constitución vigente, la Constitución de la República Española de 1931. Los anarquistas defendían la implantación de un modelo libertario. Los nacionalistas defendieron su autonomía. Algunos revolucionarios buscaban implantar la dictadura del proletariado, otros eliminar la coerción de cualquier estructura jerárquica. Muchos militares sublevados y los falangistas defendieron, en palabras del propio Franco, la implantación de un Estado totalitario. Los monárquicos pretendían la vuelta de Alfonso XIII. Los carlistas la implantación de la dinastía carlista, etc. En ambos bandos hubo intereses encontrados.
De hecho, al estallar la Guerra Civil, estas divisiones ideológicas quedaron claramente marcadas: los regímenes fascistas europeos (Alemania e Italia), Portugal e Irlanda apoyaron desde el principio a los militares sublevados.
El gobierno republicano recibió el apoyo de la URSS, único país comunista de Europa, quien en un primer momento movilizó las Brigadas Internacionales y posteriormente suministró equipo bélico a la república. También recibió ayuda de México, donde hacía poco había triunfado la revolución.
Las democracias occidentales, Francia, el Reino Unido y EE.UU. decidieron mantenerse al margen, según unos en línea con su política de no-confrontación con Alemania, según otros porque parecían preferir la victoria de los sublevados. No obstante, el caso de Francia fue especial, ya que estaba gobernada, al igual que España, por un Frente Popular. Al principio intentó tímidamente ayudar a la República, a la que cobró unos 150 millones de dólares en ayuda militar (aviones, pilotos, etc.), pero tuvo que someterse a las directrices del Reino Unido y suspender esta ayuda.
En cualquier caso, esta alineación de los diferentes países no hacía más que reflejar las divisiones internas que también existían en la España de los años 30 y que sólo pueden explicarse dentro de la evolución de la política y la sociedad española en las primeras décadas del siglo XX.
Algunos ven en estas profundas diferencias político-culturales lo que Antonio Machado denominó las dos Españas. En el bando republicano, el apoyo estaba dividido entre los demócratas constitucionales, los nacionalistas periféricos y los revolucionarios. Éste era un apoyo fundamentalmente urbano y secular aunque también rural en regiones como Cataluña, Valencia, País Vasco, Asturias y Andalucía. Por el contrario en el bando nacional, el apoyo era básicamente rural y burgués, más conservador y religioso. Sobre todo fueron aquellas clases más o menos privilegiadas hasta entonces, (burgueses, aristócratas, muchos militares, parte de la jerarquía eclesiástica, terratenientes o pequeños labradores propietarios...) que tras la victoria del Frente Popular veían peligrar su posición o consideraban que la unidad de España estaba en peligro. Terualsiege.jpg
El número de víctimas civiles aún se discute pero son muchos los que convienen en afirmar que la cifra se situaría entre 500.000 y 1.000.000 de personas. Muchas de estas muertes no fueron debidas a los combates sino a las ejecuciones sumarias, paseos, que ambos bandos llevaron a cabo, en la retaguardia, de forma más o menos sistemática o descontrolada. Los abusos se centraron en todos aquellos sospechosos de simpatizar con el bando contrario; en el bando nacional se persiguió principalmente a sindicalistas y políticos republicanos (tanto de izquierdas como de derechas), mientras en el bando republicano esta represión se dirigió preferentemente hacia los falangistas, burgueses, aristócratas, militares, simpatizantes de la derecha o sospechosos de serlo, católicos y miembros de la Iglesia Católica, llegando a quemar conventos e iglesias y asesinando a trece obispos, 4.184 sacerdotes, 2.365 religiosos, 263 monjas y millares de personas vinculadas a asociaciones confesionales o meramente católicas practicantes.
Tras la guerra, la represión franquista se cebó con el bando perdedor iniciándose una limpieza de toda esa España Roja y de cualquier elemento relacionado con la República lo que condujo a muchos al exilio o a la muerte. La economía española tardaría décadas en recuperarse.
Los simpatizantes republicanos vieron la guerra como un enfrentamiento entre "tiranía y democracia", o "fascismo y libertad", y muchos jóvenes idealistas de otros países participaron en las Brigadas Internacionales pensando que salvar a la República Española era la causa idealista del momento. Sin embargo, los partidarios de Franco la vieron como una lucha entre las "hordas rojas" (comunistas y anarquistas) y la "civilización cristiana". Pero estas es:dicotomía son, inevitablemente, simplificaciones: en los dos bandos había ideologías variadas, y muchas veces enfrentadas (por ejemplo anarquistas contra comunistas en uno, falangistas contra monárquicos y carlistas en el otro).
Al abandonar Alfonso XIII España, vista la falta de apoyo popular en las elecciones municipales de 1931, se proclama la República y se convocan elecciones que ganan las izquierdas republicanas y obreras (el PSOE se convierte en el partido con más diputados en las Cortes). Comienza el llamado Bienio Progresista, durante el que el gobierno de la República, formado por distintas formaciones republicanas de izquierda (Acción Republicana, radicales-socialistas...) y el Partido Socialista, trata de poner en marcha una serie de leyes de alto contenido social. El fracaso y la lentitud en la aplicación de las mismas llevan a un descontento popular que culmina en una serie de levantamientos anarquistas (en enero y diciembre de 1933), reprimidos con dureza y que provocan un fuerte escándalo político, la caída del gobierno y la celebración de elecciones anticipadas en 1933.
La CEDA, partido derechista, gana estas elecciones, pero el Presidente de la República no les permite formar gobierno, por lo que forman gobierno los radicales de Lerroux con el imprescindible apoyo de la CEDA. Comienza el gobierno de centro derecha llamado por la izquierda Bienio Negro ya que anuló muchos de los derechos sociales y reformas progresistas aprobadas durante el gobierno anterior, bienio progresista, oponiéndose especialmente a la reforma agraria. Gran parte del pueblo llano había esperado grandes cambios de la II República. Pero la victoria de los conservadores truncó las esperanzas de muchos y reverdeció la agitación y las protestas al ver el rumbo de marcha atrás que tomaba su política.
Ante lo que consideran mal gobierno de Lerroux, la CEDA exige su participación en el gobierno. Se nombran tres ministros de la CEDA, pero este nombramiento (constitucional) no es aceptado ni por la izquierda ni por los nacionalistas. ERC (Esquerra Republicana de Catalunya) proclama desde Barcelona el Estado Catalán dentro de la República Federal Española y UGT declara una huelga general revolucionaria, lo que provoca la Revolución de 1934 y la proclamación desde Oviedo de la República Socialista Española. La situación queda rápidamente dominada por el gobierno, salvo en Asturias, único lugar en el que los anarquistas se unen a los partidos y sindicatos de izquierdas. El gobierno reprime la sublevación de Asturias con dureza, trayendo de África a la Legión, y, una vez finalizada, se produce una fuerte represión.
Los escándalos financieros y políticos hacen caer al gobierno radical-cedista, y se convocan nuevas elecciones, en las que, por primera vez en mucho tiempo la izquierda une fuerzas formando el Frente Popular y los anarquistas, tradicionalmente abstencionistas, a pesar de no formar parte de la coalición, le dan su apoyo.
Gana las elecciones el Frente Popular, que destituye al Presidente de la República, Alcalá-Zamora, y destina fuera de Madrid a los generales que considera desafectos a la república.
Durante la Segunda República la polarización de la política española que se inició a finales del siglo XIX alcanza su cenit. Conviven una izquierda revolucionaria y una derecha fascista importantes, con una izquierda moderada y una derecha republicana; un centro anticlerical y una derecha de fuerte componente católico y monárquico, una sociedad secular muy anticlerical y un catolicismo ultraconservador. Desde 1808, la sociedad española intentaba salir de una tradición absolutista que, a diferencia del resto de países de Europa, lastraba aún al país manteniendo fuertes diferencias económicas entre privilegiados y no privilegiados. Los conservadores, muchos militares, terratenientes y parte de la jerarquía católica ven peligrar su posición privilegiada y su concepto de la unidad de España. Los nacionalistas presionan a la República para conseguir su autonomía. Los revolucionarios buscan la dictadura del proletariado o la implantación de una sociedad anarquista.
Una población rural dividida entre los jornaleros anarquistas y los pequeños propietarios aferrados a (y dominados por) los caciques y la iglesia; unos burócratas conformistas y una clase obrera con salarios muy bajos y, por lo tanto, con tendencias revolucionarias propias del nuevo siglo, hacen que también entre las clases pobres la división fuese muy acusada. Y una tradición de más de un siglo (desde los tiempos de Fernando VII) según la cual los problemas no se arreglan más que con los levantamientos.
Este conjunto de circunstancias hace que, durante la Segunda República el clima social sea muy tenso, la inseguridad ciudadana muy alta y los atentados de carácter político o anticlerical una lacra para el país.
No es extraño pues que en una España marcada por la reciente dictadura de Primo de Rivera e intentonas fallidas como las de Sanjurjo volviese a haber ruido de sables y se temiese un plan para derribar al nuevo gobierno establecido. Los acontecimientos darían la razón a los pesimistas.
El 12 de julio muere asesinado (probablemente por falangistas, que le acusaban ser el culpable de la muerte de uno de ellos), el teniente de la Guardia de Asalto José Castillo. Castillo era conocido por su activismo izquierdista y por negarse a intervenir contra los manifestantes de Asturias, yo no tiro sobre el pueblo, fueron sus palabras, y este acto de rebeldía le costaría un año de cárcel. La conmoción por el asesinato no tardó en extenderse entre la propia Guardia de Asalto a la que él pertenecía. Y al día siguiente, en represalia, un grupo de guardias, al no encontrar en su casa a Gil-Robles, secuestran y matan a José Calvo Sotelo miembro del parlamento y líder de la oposición al Frente Popular, quien fue ministro de finanzas durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Este crimen convenció de la necesidad de dar el Golpe de Estado a los militares que aún estaban indecisos, entre ellos y según Preston, a Franco. Este Golpe de Estado estaba preparado por Mola (el Director) para mediados o finales de Julio desde hacía tiempo (el Dragon Rapide ya estaba en camino), y contaba con el apoyo de la Falange y de los movimientos conservadores y católicos. El levantamiento acababa de comenzar.
[[Imagen:Agosto Septiembre 1936.png|right|thumb|400px|Mapa de España a los dos meses de la rebelión militar.
Como se ve, el territorio controlado por los nacionales consigue unificarse tras varias batallas intensas como la de Badajoz. Los rápidos movimientos de los rebeldes en los primeros momentos en contraste con la desorganización inicial en el bando republicano marcarán la diferencia en una guerra dominada por la resistencia de una República herida de muerte.]] El golpe de estado fue cuidadosamente planeado, entre otros militares, por los generales José Sanjurjo, Emilio Mola (el Director del alzamiento) y secundada por Francisco Franco, con el que contaban desde el principio, pero que no confirmó su participación hasta el asesinato de Calvo Sotelo.
El general José Sanjurjo debería haber sido el futuro Jefe de Estado pero murió en accidente de aviación al trasladarse a España desde Portugal, donde estaba exiliado por su intento de golpe de estado el 10 de agosto de 1932.
Los últimos detalles de la sublevación se concretaron durante unas maniobras realizadas el 12 de julio en Llano Amarillo Marruecos, estando previsto dar el golpe de estado escalonadamente, el 18 en Marruecos y el 19 en el resto de España.
El 17 de Julio por la mañana, en Melilla, los tres coroneles que estaban al tanto del alzamiento militar, se reúnen en el departamento cartográfico y trazan los planes para ocupar el 18 los edificios públicos, planes que comunican a los dirigentes falangistas. Uno de los dirigentes locales de la Falange informa al dirigente local de Unión Republicana, llegando esta información al General Romerales, Comandante Militar de Melilla, que a su vez informa a Casares Quiroga. Romerales envía por la tarde una patrulla de soldados y guardias de asalto a registrar el departamento cartográfico. El coronel al mando del mismo retrasa el registro y llama al cuartel de la legión, desde donde le envían un grupo de legionarios. Ante estos, la patrulla se rinde y los sublevados proceden a arrestar a Romerales, proclaman el estado de guerra e inician anticipadamente el levantamiento, informando a sus compañeros del resto de Marruecos que habían sido descubiertos. Esto hizo que en Marruecos se adelantase la fecha prevista.
Mola decide adelantar las fechas previstas, por lo que al día siguiente, 18 de Julio, la sublevación se generaliza en casi toda España, y el 19 de Julio ya es general.
Así, el 21 de julio los rebeldes han tomado el control de la zona de Marruecos bajo protectorado español, las islas Canarias (excepto La Palma), las islas Baleares (excepto Menorca) y la parte de la España peninsular situada al norte de la sierra de Guadarrama y del río Ebro, excepto Asturias, Cantabria y el País Vasco en la costa norte, y la región de Cataluña en el nordeste. El 27 de julio de 1936, llegó a España el primer escuadrón de aviones italianos enviado por Benito Mussolini.
Las fuerzas republicanas, por su parte, consiguen sofocar el alzamiento en la mayor parte de España, incluyendo todas las zonas industrializadas, gracias en parte a la participación de las milicias recién armadas de socialistas, comunistas y anarquistas, así como a la lealtad de la mayor parte de la Guardia de Asalto y, en el caso de Barcelona, de la Guardia Civil. El gobernador militar de Cartagena, Toribio Martínez Cabrera, era simpatizante del Frente Popular y la marinería también era contraria al golpe militar, lo que unido a los tumultos populares de los días 19 y 20 hicieron fracasar el movimiento golpista en Murcia.
Por otra parte, caen en manos de los sublevados algunas de las ciudades andaluzas más grandes, incluyendo Sevilla (donde el general Gonzalo Queipo de Llano se hace con el mando de la 2ª División Orgánica), Cádiz, Granada y Córdoba.
En este contexto, los nacionalistas y los republicanos proceden a organizar sus respectivos territorios y a reprimir cualquier oposición o sospecha de oposición. Una estimación mínima señala que más de 50.000 personas fueron ejecutadas, muertas o asesinadas en cada bando, lo que nos da una indicación de la gran dureza de las pasiones que la guerra civil había desatado.
El mapa resultante tras la sublevación es una reproducción casi exacta de los resultados de los anteriores comicios. En aquellas zonas donde vencieron los conservadores triunfa el alzamiento y allí donde la mayoría era de izquierdas o liberal la insurrección militar es aplastada sin miramientos como es el caso de Madrid y Barcelona.
El resultado del levantamiento es incierto. Aproximadamente un tercio del territorio español ha pasado a manos rebeldes con lo que ninguno de los dos bandos tiene absoluta supremacía sobre el otro. La intentona de derrocar de un golpe a la República había fracasado estrepitosamente. Ambos bandos se preparan para lo inevitable. Un enfrentamiento que iba a desangrar España durante tres largos años. La Guerra Civil Española acababa de empezar.
Toda esperanza de un rápido desenlace desaparece el 21 de julio, el quinto día de rebelión cuando los sublevados conquistaron el puerto naval de Ferrol. El triunfo parcial de la sublevación militar anima a las potencias fascistas a apoyar a los rebeldes. En los primeros días muere el general Sanjurjo en un accidente de aviación por lo que el mando de los rebeldes queda entonces repartido entre Mola y Franco.
Sin embargo, el mando de los nacionalistas fue asumido gradualmente por el general Franco que lideraba las fuerzas que había traído de Marruecos. El 1 de octubre de 1936, fue nombrado Jefe del Estado y formó gobierno en Burgos. El 3 de junio de 1937 muere en otro accidente de avión el general Mola quedando definitivamente Franco solo al frente de la rebelión militar.
El presidente de la República Española hasta casi el fin de la guerra fue Manuel Azaña, un liberal anticlerical, procedente del partido Izquierda Republicana. En tanto que el gobierno republicano estaba encabezado, a comienzos de septiembre de 1936, por el líder del partido socialista Francisco Largo Caballero, seguido en mayo de 1937 por Juan Negrín, también socialista, quien permaneció como jefe del gobierno durante el resto de la guerra y continuó como jefe del gobierno republicano en el exilio hasta 1945.
En Madrid, el Coronel Casado da un golpe de estado anticomunista en marzo mientras Juan Negrín y buena parte del gobierno se refugian en Elda y Petrer, en la llamada Posición Yuste.
El 26 de marzo cae Madrid, la última ciudad en caer en manos de Franco es Alicante, el 30 de marzo.
El primero de abril Franco emite el famoso parte “En el día de hoy....”
La II República y la Guerra civil (Visión desde la Armada)
En Septiembre, la República decide enviar al Cantábrico al acorazado Jaime I, dos cruceros, seis destructores y cinco submarinos dejando en el Estrecho sólo dos destructores y un submarino.
El 24 de Septiembre la Escuadra republicana llega al Cantábrico y paraliza o retrasa las operaciones en tierra de los sublevados. Impide las operaciones en Guipúzcoa y retrasa el avance de las columnas gallegas hacia Oviedo, obligándoles a ir por el interior.
Su superioridad es absoluta, y durante la estancia de la flota republicana en el Cantábrico, no hay actividad en el mismo de la marina rebelde. Pero este triunfo relativo permite, al tener abandonado el bloqueo del Estrecho de Gibraltar, el paso del grueso de las tropas de África a la península.
El 13 de octubre de 1936, el grueso de la escuadra republicana vuelve al Mediterráneo.
Las acciones navales en el bando nacional el resto del año 1936 se limitan a las protagonizadas por el “España”, el “Velasco”, los bous y algunos mercantes armados por el bando nacional, dedicándose al bloqueo, a minar los puertos republicanos y al bombardeo de costa. La República solo había dejado en el Cantábrico al destructor José Luis Díez (conocido en Bilbao por “Pepe el del puerto”, por su poca agresividad) y dos submarinos.
El Gobierno vasco, nacionalistas aliados al bando republicano, crea la Marina Auxiliar de Euskadi, al mando de Joaquín Eguía, con algunos bous armados (cuatro bacaladeros con cañones de 101,6 mm), nueve bous en misión de dragaminas y hasta 24 pesqueros pequeños más como dragaminas costeros o de puerto. Estas unidades del gobierno nacionalista vasco, a diferencia de las unidades aliadas republicanas, demuestran un alto grado de preparación y espíritu combativo, interceptando mercantes alemanes con cargamento para los franquistas y llegando a enfrentarse al «Velasco» el 15 de noviembre de 1936. Se cierra el año con la desaparición del submarino C-5.
El año 1937, la misión de la flota rebelde es apoyar las operaciones de tierra encaminadas a terminar con el frente Norte, bloqueando y minando los puertos del Cantábrico para evitar el aprovisionamiento de las fuerzas republicanas y apoyar con fuego naval el avance de las tropas de tierra. Intervinieron con base principal en Ferrol, apoyándose en Pasajes, Bilbao y Santander, a medida que iban siendo conquistadas.
Participaron el España, el Velasco, los minadores gemelos Vulcano y Júpiter, tres mercantes armados y unas flotillas de bous. Esporádicamente se incorporaron los cruceros Canarias y Almirante Cervera.
La República reforzó sus fuerzas con el destructor Ciscar y de los submarinos C-6 y C-4. Pero se enfrenta con el problema de falta de mando único. Los nacionalistas vascos no aceptan que sus buques sean mandados por la República. Esto unido a la baja moral de las dotaciones republicanas, hace que los nacionales tengan prácticamente el dominio del mar.
Las operaciones de bloqueo impuesto se vieron dificultadas por la Marina británica, que tenía en estas aguas al crucero de batalla Hood, a los acorazados Royal Oak y Resolution, y varios cruceros y destructores que protegían a los mercantes británicos hasta aguas territoriales españolas, con lo que llegaban con facilidad (solo quedaban tres millas) a los puertos republicanos víveres y suministros militares. Esto permitió la resistencia republicana al avance nacional, pese al relativo dominio del mar.
El 5 de marzo de 1937, el Canarias llega al Cantábrico y apresa al mercante Galdames, a la altura del cabo Machichaco. Para ello tuvo que enfrentarse a los bous nacionalistas que, pese su inferioridad manifiesta, le hicieron frente con gran valor y arrojo, siendo hundido uno de ellos (el Nabarra) y averiados los otros dos.
El 8 de marzo, el Canarias captura al mercante Mar Cantábrico con una importante carga de material de guerra para la República.
El 30 de abril, frente a Santander, el acorazado España se hunde tras tocar con una mina propia. La tripulación es rescatada por el Velasco.
Al finalizar la campaña del norte, la República había perdido al destructor Ciscar, hundido por la aviación en el puerto de Gijón y al submarino C-6. Los submarinos C-4 y C-2 se refugiaron en Francia desde donde volvieron a manos republicanas a mediados de 1938, y el José Luis Diez se refugió en Inglaterra, después en Francia, y en Agosto de 1938 intentó pasar al Mediterráneo, siendo interceptado por el Canarias. Se refugió en Gibraltar, y en Diciembre de 1938, al intentar unirse a la flota republicana, fue inutilizado por el minador Vulcano.
El 20 de julio de 1936, el Libertad y varios destructores bombardean Ceuta, y el día 22 con el Cervantes, Algeciras y La Línea
El 5 de agosto los nacionales hacen pasar un convoy con éxito a través del estrecho. El día 7 de agosto de 1936, los Libertad y Jaime I bombardean Algeciras (donde hundieron al cañonero Dato) y Cádiz.
En agosto de 1936 la Generalidad de Cataluña y el Comité Central de Milicias Antifascistas intenta recuperar Mallorca enviando a un conglomerado de fuerzas de milicias, al mando del capitán de aviación Alberto Bayo, con el apoyo de unidades de submarinos y de la Escuadra republicana basada en Tánger. El intento de toma de Mallorca, mal organizado y peor dirigido, fue un rotundo fracaso teniendo que retirarse después del fallido intento de desembarco en la isla por la costa este.
El 12 de diciembre de 1936 el Canarias hundió al vapor soviético Konsomol frente a Orán, el hundimiento tuvo repercusión internacional, e hizo a los soviéticos más reticentes a utilizar sus mercantes en apoyo de los republicanos.
La flota franquista apoya el avance sobre Málaga, con bombardeos en la costa.
El 7 de septiembre de 1937, el crucero Baleares se encuentra con los cruceros republicanos Libertad, Méndez Núñez y varios destructores escoltando un convoy frente al cabo Cherchel. Entabla combate y, pese a sufrir averías, obliga a los buques de guerra republicanos a retirarse y a los mercantes del convoy a refugiarse en el puerto de Cherchel.
El 23 de abril de 1938 el "Libertad" y los "Jaime I", "Méndez Núñez" y algunos destructores republicanos bombardearon Málaga. El 25 de abril de 1937 el "Canarias" y el "Baleares" acosan a la escuadra republicana cuando entra en Cartagena tras bombardear Málaga. Tras un corto intercambio de disparos los cruceros nacionales se alejan para evitar a las baterías de costa (380 mm).
El 6 de marzo de 1938 es torpedeado y hundido el crucero "Baleares", tras un encuentro nocturno de las dos escuadras en la Batalla de Cabo Palos. Las escuadras se separan y los destructores ingleses "Boreas" y "Kempenfelt" acuden a ayudar al salvamento de los náufragos. Rescatan a 435 hombres, y desaparecen 786. Durante el salvamento, aviones republicanos bombardean a los destructores ingleses, causándoles bajas (un muerto y cuatro heridos en el Boreas).
En enero de 1938 el Canarias bombardea Barcelona, y en febrero los cruceros nacionales bombardean diversos puertos de la costa republicana y escoltan varios convoyes
Pero, a pesar de todo, el hecho cierto es que mientras los nacionalistas recibían armamento, equipo y efectivos de las potencias fascistas la República solo recibió ayuda importante desde la lejana URSS. Las principales democracias occidentales (Gran Bretaña, Francia o los Estados Unidos) no le prestaron ayuda temerosas de su carácter revolucionario y de un enfrentamiento abierto con Alemania e Italia.
Las potencias democráticas, concentradas en su política de apaciguamiento de los regímenes fascistas, no miraban con buenos ojos la oposición frontal de las izquierdas revolucionarias, en las que veían una cierta amenaza de que se extendiera el mal ejemplo soviético. Por ello la República era vista por esos países como un régimen inclinado a un comunismo al que no tenían gran simpatía.
La Guerra Civil Española fue una guerra total en la que ambos bandos se volcaron con todos los recursos disponibles e hicieron uso hasta del último hombre. Por ello cualquier ayuda era poca y esta fue significativamente mayor para el bando sublevado lo que resultaría decisivo en el transcurso de la guerra.
Envió a España al Corpo Truppe Voluntarie y la Aviación Legionaria.
Ayudó al bloqueo del armamento enviado desde la URSS a España con acciones puntuales de su propia Armada.
Aportó cuatro “submarinos legionarios” a la flota de Franco y le vendió cuatro destructores y dos submarinos.
Durante los primeros días unas 50.000 personas que quedaron atrapadas en el bando contrario fueron ejecutadas mediante los llamados paseos. Estos eran realizados por grupos armados que iban a buscar a la gente a sus casas o las cárceles donde se hallaban presos y bajo el eufemismo de vamos a dar un paseo los llevaban a cualquier carretera o a las tapias del cementerio y los ejecutaban.
Posiblemente el más divulgado, por la personalidad del ejecutado, de tales ajusticiamientos, entre los llevados a cabo por el bando nacionalista, sea el del poeta y dramaturgo Federico García Lorca en el barranco de Viznar en Granada. Por parte del bando republicano se puede citar el caso de los presos sacados de las cárceles de Madrid (entre los que se encontraba el dramaturgo Pedro Muñoz Seca) y ejecutados en la localidad de Paracuellos, hecho que se asocia con la figura de Santiago Carrillo, responsable de Orden Público en aquellos días.
En el contexto de la guerra fueron muchos los que se aprovecharon para realizar tan macabros actos, a veces por venganza sin relación con la propia contienda, y cuando una zona caía en manos de uno u otro bando no tardaban en llegar los paseos. Especialmente cruel para la población fue el caso de las localidades que fueron intermitentemente ocupadas por ambos bandos, con las consiguientes y repetidas ejecuciones y venganzas.
En la zona bajo control de la República, los enfrentamientos entre milicias y facciones opuestas también sirvieron de coartada a episodios de represión sangrientos, como en el caso de los levantamientos populares de Barcelona en mayo de 1937.
En las áreas controladas por los anarquistas, Aragón y Cataluña, en suma a las temporales victorias militares, existió un gran cambio social en el cual los trabajadores y los campesinos colectivizaron la tierra y la industria, y establecieron consejos paralelos al ya entonces paralizado gobierno. Esta revolución se opuso a los republicanos y comunistas apoyados por la Unión Soviética. La colectivización agraria había tenido un considerable éxito a pesar de carecer de los recursos necesarios, cuando Franco ya había capturado las tierras con mejores condiciones para el cultivo. Este éxito sobrevivió en las mentes de los revolucionarios libertarios como un ejemplo de que una sociedad anarquista puede florecer bajo ciertas condiciones como las que se vivieron durante la Guerra Civil Española.
Cuando la guerra progresó, el gobierno y los comunistas fueron capaces de acceder a las armas soviéticas para restaurar el control del gobierno y esforzarse en ganar la guerra, a través de la diplomacia y la fuerza. Los anarquistas y los miembros del POUM fueron integrados al ejército regular, aunque con resistencia; el POUM fue declarado ilegal, denunciado falsamente de ser un instrumento de los fascistas. En las Jornadas de Mayo de 1937, muchos cientos de miles de soldados antifascistas se mataron unos a otros por el control de los puntos estratégicos de Barcelona, tal como George Orwell lo relata en Homenaje a Cataluña.
El número de muertos en la guerra civil española sólo puede ser estimado de manera aproximada. Las fuerzas nacionalistas pusieron la cifra de 500.000, incluyendo no sólo a los muertos en combate sino también a las víctimas de bombardeos, ejecuciones y asesinatos. Estimaciones recientes dan también la cifra de 500.000 o menos. Esto no incluye a todos aquellos que murieron de malnutrición, hambre y enfermedades engendradas por la guerra. La cifra de 1.000.000, a veces citada, procede de una novela de Gironella, que la justifica entre los 500.000 reconocidos y otros tantos cuya vida resultó irremediablemente destrozada.
Las repercusiones políticas y emocionales de la guerra trascendieron de lo que es un conflicto nacional ya que, por muchos otros países, la guerra civil española fue vista como parte de un conflicto internacional que se libraba entre la religión y el ateísmo, la revolución y el fascismo. Para la URSS, Alemania e Italia, España fue terreno de prueba de nuevos métodos de guerra aérea y de carros de combate. Para Gran Bretaña y Francia, el conflicto representó una nueva amenaza al equilibrio internacional que trataban dificultosamente de preservar, el cual se derrumbó en 1939 (pocos meses después del fin de la guerra española) con la Segunda Guerra Mundial. El pacto de Alemania con la Unión Soviética supuso el fin del interés de ésta en mantener su presión revolucionaria en el sur de Europa.
Sin duda, la consecuencia más funesta fue el terror, la represión y el empobrecimiento material e intelectual del país. Hubo ejecuciones sumarias, miles de represaliados y un sentimiento de resentimiento entre los perdedores y de impunidad para con los vencedores que aún dura hasta nuestros días.
En cuanto a la política exterior, la GCE supuso el aislamiento de España y la retirada de embajadores de casi todo el mundo. Solo unos pocos países mantuvieron relaciones diplomáticas con España desde el final de la II Guerra Mundial hasta el inicio de la Guerra Fría. A partir de los años 50, las relaciones internacionales españolas pasan a ser casi normales, salvo con los países del Bloque Soviético.
Con la llegada, a partir de la muerte de Franco, de la democracia, el bando perdedor se sintió reivindicado, ya que el programa de reformas emprendido por el nuevo régimen democrático asumía gran parte del proyecto reformador de la II República y, de forma implícita, suponía una negación de los ideales que habían defendido los vencedores de la guerra civil. Esta nueva situación ha llevado a una continua reescritura de la historia por los simpatizantes de ambos bandos, unos reinterpretando la actuación de los partidos y movimientos de izquierdas y revolucionarios antes de y durante la guerra y para recuperar la memoria de las víctimas de la represión franquista y, otros reinterpretando el levantamiento nacional desde una óptica más acorde con la ideología hoy imperante, minimizando el componente fascista y relativizando el componente católico en favor del componente nacionalista y de orden.
Desgraciadamente, las diversas interpretaciones de la guerra civil se siguen utilizando en la lucha política a principios del siglo XXI, desvirtuando en gran medida la labor de historiadores serios en favor de propagandistas partidarios.
Realmente Franco nunca fue un verdadero fascista. Simplemente utilizó un pequeño partido fascista, la Falange, para sus fines; dejó que lo descabezasen permitiendo la ejecución de su fundador, y dejó fuera a los elementos más "puros" del partido, aprovechando la colaboración de otros más acordes con su conservadurismo, al más puro estilo del siglo XIX. En ambos bandos hubo un excesivo protagonismo de dos partidos como Falange Española y el Partido Comunista, los cuales apenas tenían representación parlamentaria antes del golpe militar. Posiblemente la radicalización de las posiciones en los dos lados del conflicto hiciera que los dos partidos crecieran rápida y simultáneamente a ambos lados del frente.
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