Proceso que siempre va ligado al tiempo y que consiste en el cambio de particularidades o características de un ser animado o inanimado.
Envejecimiento de los seres animados
Cuando se hace referencia a los seres
vivos, se tienen en cuenta los cambios
fisiológicos que se producen en el
organismo, y que generalmente van en
detrimento o desmejoría de sus funciones. En todos los seres vivos, el proceso de envejecimiento conlleva a la
muerte, que es el cese de toda actividad física o mental
perceptible.
Se puede separar la definición de envejecimiento para las plantas y los animales partiendo del hecho de que actualmente se considera que las plantas no manejan ningún tipo de comportamiento intelectual.
Envejecimiento en las plantas
En las plantas, el proceso de envejecimiento se aprecia directamente mediante
observaciones físicas o
procedimientos químicos. Dentro de los
mecanismos usados se encuentra la observación, que permite comparar las diferencias entre los especímenes jóvenes y los mayores, como pueden ser el grosor de la
corteza, el aspecto
deslustrado de
hojas y
flores, la ausencia de estas últimas etc. Dentro de los procedimientos químicos se utilizan los
análisis de los compuestos orgánicos que
secretan, o dejan de secretar, en sus diferentes
estadios cada especie de planta. Dentro de las plantas encontramos los seres vivos cuyo proceso de envejecimiento es el más lento o, dicho de otra forma, tienen un período de vida más largo. Son ciertas clases de
coníferas conocidas como
sequoias.
Envejecimiento en animales
Adicionalmente a las observaciones físicas y químicas, debemos considerar el proceso de envejecimiento mental en los animales, incluido el
hombre. Normalmente todas las especies animales vivas sufren vejez
mental, en mayor o menor
grado. Naturalmente este deterioro mental va acompañado del mismo deterioro físico, salvo en casos
esporádicos como la enfermedad conocida como
progeria, en la cual el envejecimiento físico es mucho más rápido de lo usual, hasta 10 veces, mientras que las facultades mentales permanecen razonablemente intactas.
Es mucho más complicado evaluar el nivel de envejecimiento mental, ya que se da el caso de personas que teniendo un estado físico muy deteriorado, mantengan una aparente lucidez. También se da el caso contrario en el que se deteriora rápidamente la parte intelectual mientras el organismo se conserva fuerte y sano. Este último caso se presenta, por ejemplo, con la enfermedad de Alzheimer que se presenta en los seres humanos.
Adicionalmente, para evaluar el deterioro mental de un animal, incluidos los seres humanos, es necesario haber conocido su comportamiento durante sus estadios anteriores, a fin de trazar una curva objetiva basada en los cambios observados en el tiempo.
Envejecimiento de los seres inanimados
Se entiende por
seres inanimados a todos aquellos en los cuales no tenemos capacidad de captar
reacciones físico-químicas propias o comportamientos independientes de factores externos:
comer,
moverse,
reproducirse,
excretar,
secretar, etcétera.
Verificar el envejecimiento en los seres inanimados o cosas, es una labor generalmente más compleja que para los seres vivos ya que en aquellos suele ser un proceso mucho más lento. De hecho puede tardar miles, o millones, de años en poderse detectar. Así como en algunas mariposas el tiempo de vida adultas se mide en horas, un diamante puede tardar millones de años en presentar alguna variación por envejecimiento. De hecho, en la mayor parte de los objetos el envejecimiento hace referencia a desgaste.
El tamaño como medida de envejecimiento
La vejez que pueden presentar los diferentes objetos, se puede
relacionar, y de hecho así se interpreta en muchas ocasiones, con el
tamaño de lo que se está analizando. Solemos decir que la cadena
montañosa de Los
Andes es
joven mientras que la del
Himalaya es
vieja. En el primer caso, joven hace
referencia a millones de años, mientras que en el segundo se cuadruplica la edad del primero. Sin embargo, si se mira una de las
piedras que se encuentran superficialmente sobre cualquiera de estas cadenas montañosas, se aprecia que es mucho más vieja, comparativamente hablando, que la montaña misma. Esta última ha sufrido un desgaste pequeño en comparación con su tamaño mientras que la piedra puede estar tan desgastada que su tamaño sea menos de la décima parte del
original. Si asociamos desgaste con vejez en el caso de los objetos, la piedra es mucho más vieja que la montaña.
Los objetos radioactivos, que emiten radiaciones, van sufriendo la pérdida de la
masa a una
rata constante que depende del
elemento. Al perder masa, debido a la emisión de
partículas subatómicas, se va convirtiendo en otro elemento, este último no radiactivo. Este caso se da por ejemplo con el
uranio, el cual termina por convertirse en
plomo. Para calcular la
vejez de un trozo de uranio, basta con medir cuanto plomo hay en el
trozo de
mineral, con respecto a la masa total del mismo. Sabiendo cual es la
vida media del uranio se puede saber cuantos años atrás el trozo era de uranio
puro y adicionalmente cuanto tiempo ha de transcurrir antes de que el mineral se convierta totalmente en plomo. Este sistema es empleado para medir la vejez - o la edad - de los materiales
orgánicos mediante el empleo del
carbono 14.
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