La palabra cuero proviene del latín curium (Piel de los animales, curtida), es decir se trata de la piel tratada mediante curtido. El cuero en definitiva proviene de una capa de tejido que recubre a los animales y que tiene propiedades de resistencia y flexibilidad bastante apropiadas para su posterior manipulación. La capa de piel es separada del cuerpo de los animales muertos, se elimina el pelo o la lana (salvo en los casos en que se quiera conservar esta cobertura pilosa en el resultado final) y posteriormente es sometida a un proceso de curtido. El cuero se emplea como material primario para otras elaboraciones.
La Península Ibérica ha estado desde sus comienzos muy unida con la piel. Se puede ver sino la definición que hace de Hispania ofrece Estrabón poco después de iniciarse la era cristiana: "Hispania es semejante a una piel extendida a lo largo de Occidente a Oriente", y a veces mecionamos que la península es una piel de toro, indicando así la enorme tradición que poseemos con el mundo de la piel, el curtido, y el cuero.
Los avances en el arte de curtir es posible que fueran evolucionando poco a poco, y sólo con el advenimiento de las grandes culturas aparecieron los oficios de curtidor. Los yaciemientos muestran como pudo haber nuevos descubrimientos sobre formas nuevas de curtir ya en el antiguo Egipto y en la antigua Mesopotamia. En el sarcófago de Ti, un rico egipcio cuya muerte debió acontecer entre el 2850 adC y el l2700 adC, se pueden apreciar escenas donde aparecen curtidores entregados a su trabajo.
En la época del Imperio Romano se sabe que el principal consumidor de artículos de cuero fueron las Legiones, y este comercio estuvo centralizado en la ciudad de Roma a través de un gremio de comerciantes de cueros y pieles del puerto de Ostia. Uno de los elementos desencadenantes de la guerra de Cartago fue precisamente el comercio del cuero, suministrador a su vez, gracias a las mercados instalados en el norte de África, de pieles a los diferentes países mediterráneos, fue la ruptura del monopolio imperial que regulaba el comercio de las pieles.
A partir del siglo III adC, y muy especialmente de la época del imperio romano, los mercados de cuero proliferan en todo el mundo romanizado. Quizá sea el sur de Francia y la práctica totalidad de la Península Ibérica la zona más abundante en este tipo de industrias. Un hallazgo encontrado en el pueblo de Botonita (Zaragoza) donde han aparecido cantidades de cal, de azufre y de otros productos químicos, en el yacimiento de Contrebia Belaisca correspondiente al período comprendido entre los siglos I adC y III a.C. demuestra el desarrollo de la piel en tan temprana época en la romanizada Hispania.
La moda por esa época era traer las pieles de Siberia, este comercio tendrá duración de un siglo e cayendo ya bajo el monopolio de las comunidades de judíos de Varsovia o de Lemberg, que tratan directamente con los cazadores.
Por otra parte, al desmoronarse progresivamente las vías de comercio romanas, el papiro para escribir se hace cada vez más escaso en Occidente, beneficiando a una industria local de producción de pieles finas para la fabricación de pergamino
Los Árabes y los judíos trabajaron conjuntamente el cuero en el Andalus llegando a alcanzar en algunas ciudades como Córdoba y Granada un extraordinario refinamiento. La elaboración de la piel se llegó a diversificar en gran medida y dio lugar no sólo a objetos de consumo habitual, sino también a otros destinados al lujo. Tenían fama en toda Europa los cordobanes y guadamecíes que se trataba de cuero adobado y adornado con dibujos maravillosamente labrados. Se puede citar a modo de ejemplo algunos de los más habituales entre estos objetos de lujo: cajas, arcas, baúles, maletas, sillas de montar, sillas para sentarse, guarniciones, cojines, manteles, alfombras, literas, tapizados de muros y retablos.
En la literatura de la época tenemos referencias al poema del Mío Cid que confirman el empleo del cuero y de pieles preciosas. En el pasaje referido a la afrenta de Corpes (vv.2735-6), los maridos torturan cruelmente así a las esposas: "Essora les conpieçan a dar infantes de Carrión; con las cinchas corredizas majánlas tan sin sabor" Y más adelante (v.2749), una vez humilladas, las despojan de sus bienes más preciados: "Leváronles los mantos e las pieles armiñas".
Resulta una incognita saber cuel era la vida cotidiana de los artesanos del siglo XIV, no obstante se dispone de un documento, el Quadern de Comptes que es una especie de libro de contabilidad muy rudimentario que procede de Jaume March y de su hijo Bernat March y que nos suministra abundante información sobre el comercio del ramo de la piel en Vic y de la región. Las cuentas muestran qué tipo de cueros se utilizaban mayoritariamente por aquella época, y de dónde se importaban y se sabe que el gremio de zapateros es el más numeroso de entre los profesionales del sector (averiguado por los Libros de Sepulturas de la catedral de Vic donde aparecen más de un centenar de zapateros fallecidos en el período comprendido entre 1370 y 1401).
La mayor parte de los códices de la Edad Media se han conservado hasta hoy en día gracias a que fueron escritos en pergamino. Disponemos de un considerable número de escritos religiosos, conventuales y nobiliarios, pertenecientes al período comprendido entre los orígenes de la Patrística y la aparición de la imprenta. No obstante, el pergamino tuvo que enfrentarse, a partir del siglo XI, con un descubrimiento: el papel introducido en España y posteriormente en el resto de Europa, por los árabes.
Hoy en día se emplea el cuero en Encuadernación, sobre todo es un material empleado en la Cubierta de los libros.
Hay que tener en cuenta que estos procedimientos no son excluyentes, a menudo se mezclan los distintos elementos curtientes para obtener un producto final intermedio.
El siglo XIX se hace una referencia literaria respecto al empleo del cuero con el objeto de alimentar la fantasía humana, incluso sexuales, de esta forma Leopold von Sacher-Masoch apellido que engendra término masoquismo, se sintió atraído profundamente por la carga erótica de las pieles, así lo muestra el título de sus novelas: La Venus de las Pieles (Venus in Pelz) y Falso Armiño (Falsches Hermelin). .
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