Castidad es el comportamiento voluntario a la absitencia de placeres y/o actos sexuales, ya sea por motivos religiosos o sociales.
Para el cristianismo la castidad es una virtud necesaria en los distintos estados situacionales de la vida: -Los casados: Castidad conyugal. -Para los no casados que aspiren al matrimonio, la castidad requiere abstención. Es una necesaria preparación para lograr la madurez y la castidad en el matrimonio. -Los que han decidido no casarse, renuncian plenamente a las relaciones sexuales a favor de la entrega de todas las energías y todo el amor a Cristo y su misión en la Iglesia.
La castidad ofrece en el cristianismo una preparación espiritual para cualquier vocación sacerdocio, matrimonio, vida religiosa o celibato. El voto de castidad total es considerado como obligatorio para los ministros consagrados (sacerdotes, obispos, El Papa), así como para las distintas órdenes religiosas tanto masculinas como femeninas. Sin embargo este voto absoluto no es requerido en otras iglesias cristianas, tales como la iglesia protestante.
-Supone esfuerzo que fortalece el carácter y la voluntad, dando posesión y dominio de sí. Es un entrenamiento para formar la personalidad en la generosidad y en el deber. Se puede entonces vivir en armonía con Dios, sin tener miedo a sus mandatos que ahora se pueden cumplir. Armonía con Dios a su vez hace posible la armonía interior y con el prójimo. Esta armonía es fuente de profunda paz y alegría.
Según la moral cristiana la castidad purifica el amor y lo eleva ya es la mejor forma de comprender y, sobre todo, de valorar el amor. A su vez se considera que aumenta la energía física y moral; da mayor rendimiento en el deporte y en el estudio, y prepara para el amor conyugal.La castidad cristiana supone superación del propio egoísmo, capacidad de sacrificio por el bien de los demás, nobleza y lealtad en el servicio y en el amor. La castidad ayuda a ser idealistas y constantes en el trabajo y en el estudio.
La castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado. "La dignidad del hombre requiere, en efecto, que actúe según una elección consciente y libre, es decir, movido e inducido personalmente desde dentro y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa. El hombre logra esta dignidad cuando, liberándose de toda esclavitud de las pasiones, persigue su fin en la libre elección del bien y se procura con eficacia y habilidad los medios adecuados".
El que quiere permanecer fiel a las promesas de su bautismo y resistir las tentaciones debe poner los medios para ello: el conocimiento de sí, la práctica de una ascesis adaptada a las situaciones encontradas, la obediencia a los mandamientos divinos, la práctica de las virtudes morales y la fidelidad a la oración. "La castidad nos recompone; nos devuelve a la unidad que habíamos perdido dispersándonos".
La virtud de la castidad forma parte de la virtud cardinal de la templanza, que tiende a impregnar de racionalidad las pasiones y los apetitos de la sensibilidad humana.
La castidad "debe calificar a las personas según los diferentes estados de vida: a unas, en la virginidad o en el celibato consagrado, manera eminente de dedicarse más fácilmente a Dios solo con corazón indiviso; a otras, de la manera que determina para ellas la ley moral, según sean casadas o célibes". Las personas casadas son llamadas a vivir la castidad conyugal; las otras practican la castidad en la continencia.
Existen tres formas de la virtud de la castidad: una de los esposos, otra de las viudas, la tercera de la virginidad. No alabamos a una con exclusión de las otras. En esto la disciplina de la Iglesia es rica.
Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno y el otro de Dios.
Reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad.
El debate ha continuado abierto desde que las iglesias protestantes han abierto los ministerios a homosexuales. Incluso en países como Noruega, de una tradición protestante, existen ministros de ambos sexos quienes pueden tanto practicar su ministerio eclesiástico tanto como su orientación sexual siempre y cuando estén casados. Esto, sin embargo, sin que el debate y la controversia continuen.
Desde el punto de vista psicológico, el ser humano necesita la sexualidad. Es una necesidad primaría, si bién no tan acuciante como el alimento, el sueño o el agua. Cualquier persona que niega su sexualidad está negando una parte de si mismo. Se podría pensar en posibles patologías, sin embargo, no es tan sencillo.
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