Satellitenaufnahme der Alpen.jpg Los Alpes son una importante cadena de montañas situada en Europa central. Su punto culminante es el Mont Blanc, con 4.810 metros de altitud. Alrededor de los Alpes –favorecido por ríos importantes de caudal uniforme y ricas tierras de cultivo– se edificó la importante civilización que hoy conocemos.
No se sabe a ciencia cierta si fueron los celtas o los latinos quienes nombraron los altos picos alpinos, pero si se conoce que lo hicieron maravillados por el color blanco inmenso de sus nieves. La palabra Alpes pudo formarse a partir de albos, termino latino para definir blanco, o a partir de alb, término celta equivalente.
En la mitología antigua de los Germanos, Alp era un espíritu aéreo que moraba en la cumbre de las montañas mas escarpadas bajando de vez en cuando a perturbar la tranquilidad de los habitantes de las poblaciones cercanas.
Con criterios geológicos y geográficos se pueden dividir en tres sectores diferenciados:
Véase también los Alpes italianos
Estos plegamientos fueron la causa de que las placas sedimentarias de superficie fueran desplazadas en las mismas direcciones que los plegamientos. Aun así, en tiempos posteriores a los movimientos de compresión, se dieron desplazamientos de extensión, por flexión de las zonas levantadas, cosa que dio lugar a la difícil orografía actual de los Alpes.
Así como en los Pirineos la elevación de las montañas más importantes rebasa los tres mil metros y en el Himalaya los ocho mil, los Alpes se explican como una sucesión de montañas de más de cuatro mil metros.
Claro está que su número puede variar en función de los criterios con qué se determine si una elevación u otra es una cumbre independiente o no. Se considera, no obstante, que hay 67 cumbres principales o más características que rebasan esta altura, concentrados en los sectores central y occidental principalmente. Una relación más aceptada es la siguiente, con distribución por macizos de este a oeste.
Pese a esto, con datos del final del siglo XX, se pueden contar muchos glaciares, repartidos por toda la cordillera. Los más extensos, de este a oeste, son:
A continuación las zonas boscosas: haya, robles y coníferas de muchas especies, de las cuales hay algunas de hoja caduca que llegan –en los lugares adecuados– hasta dos mil metros de altitud. En general, sin embargo, por encima de los 1.500 metros, allí dónde se ha formado tierra suficiente por soportarlo, dominan los prados de hierba y los pastos.
La supervivencia de las diversas especies de animales salvajes ha sido condicionada también por la existencia de grandes extensiones del todo inhabitables: los glaciares y las altas crestas. En el resto del territorio se encuentran los siguientes mamíferos: el corzo, el rebeco, el ciervo y la cabra montesa de una especie conocida allá como stambecco (íbice de los Alpes) (esta última sólo en la zona de los Alpes de Graies). El oso pardo y el lobo, al menos en completa libertad, son sólo un recuerdo del pasado.
Son mucho más frecuentes el cerdo jabalí, el zorro, la ardilla, la marmota y la liebre. Estas dos últimas especies ocupan zonas elevadas, aparentemente muy por encima de la línea de vegetación.
En los bosques, más difíciles de encontrar sin embargo, también hay tejones, ginetas, pequeños mustélidos y el puerco espín.
Las aves más visibles son el águila y el buitre, las cornejas y los cuervos. Una de estas especies de carroñeros (la corneja de pico amarillo) es capaz de subir por encimade las cumbres más frecuentadas, por hostiles que sean las condiciones, en pos de los grupos de alpinistas, mientras espera que le ofrezcan comida. En la vertiente sur de los Alpes se ha reintroducido con éxito el quebrantahuesos.
En los ríos, la única especie es la trucha, aunque hay de varias clases, algunas de foráneas.
Justo es decir que incluso fuera de las zonas de especial protección, los bosques y los animales son tratados con mucho cuidado en toda la zona de los Alpes, en muchos casos como un atractivo turístico, mucho más valioso y rentable que la madera de los árboles y la carne o la piel de los animales. Prueba de esto es que la tímida ardilla es frecuente incluso en los jardines de los pueblos y de las ciudades.
No es hasta la época de la conquista romana que se tienen datos históricos sobre la población humana en los Alpes. En aquellos momentos se encontrabas habitadas por tribus de origen célta como los nantuates, veragros, sedunos, los retianos, los salasos o los lepontinos. Las invasiones romanas desde el sur y las germánicas (longobardos) desde el norte empujaron grupos de población a ocupar valles de uno u otro lado de la cordillera, atravesando los elevados puertos de montaña, cosa que explica la alternancia de las diversas culturas idiomáticas.
Consecuencia de los movimientos de población son los idiomas que actualmente se hablan: el italiano, en la parte sur, el francés que domina en exclusiva la parte nor-oeste, el alemán en la parte norte y en Suiza y en el Tirol, El romanche (o retorromano) es el idioma común en la zona de los Grisones y la parte alta del valle del Rin. Este idioma tiene, además, numerosos dialectos, pero entre todos son apenas utilizados por unas cincuenta mil personas. El ladino dolomita se habla en Italia, dónde está restringido prácticamente a la zona de los Dolomitas, y a los valles del sudeste suizo. En forma de dialectos, muy mezclado con el romanche y sin la categoría de lengua escrita, se habla en zonas del Tirol.
Durante todo el siglo XX y también actualmente, los Alpes se han convertido en un destino mundial de primer ordern del turismo. Con el fondo paisajístico que los caracteriza, se ha construido un número importante de estaciones invernales para la práctica del esquí alpino. Algunas son muy importantes, otras sólo tienen un pequeño remonte, sito –es el caso de pequeños pueblos en las zonas rurales de Austria– en ocasiones al mismo patio de la escuela pública de la localidad.
La práctica del alpinismo atrae cada verano a miles de practicantes, que permanecen, en muchos casos, la temporada entera.
Asimismo, en la primavera, las ascensiones y travesías de esquí de montaña dan vida a pueblos y refugios remotos, en valles apartados, a menudo fuera de las corrientes turísticas más importantes.
Todas estas actividades han dado lugar a una verdadera industria de la montaña, que además se está llevando a cabo con un notable respeto por el entorno, excepto naturalmente en el caso de las estaciones de esquí. Esta industria está siendo muy contestada durante las últimas décadas: se han limitado las nuevas instalaciones y se han retirado aquellas que por cualquier razón quedaban fuera de servicio.
Son numerosos los grupos de carácter conservacionista y que tienen una considerable influencia a la sociedad, que velan por impedir la desnaturalización de la cordillera.
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