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BattleofIssus333BC-mosaic-detail1.jpg)]] Alejandro III Magno (en griego Μεγας Αλέξανδρος, transliterado como Alexandros), rey de Macedonia, nacido a finales de julio de 356 adC, muerto el 10 de junio de 323 (reinando de 336 a 323 adC), conquistador del Imperio Persa y uno de los líderes militares más importantes del mundo antiguo, es quizás uno de los personajes más interesantes de la Historia.

Vida


Nacimiento e infancia

Hijo de Filipo II rey de Macedonia (dinastía de los Argéadas), y Olimpia, princesa de la Casa Real de Epiro. Se cuenta que, el día de su nacimiento, se tuvo noticia en la capital de tres triunfos: el del general Parmenión frente a los Ilirios, el fin victorioso del sitio a una ciudad portuaria por su padre, y la victoria del carro del rey en competición, lo que fueron considerados increíbles augurios. Probablemente fueran invenciones posteriores, a raíz de la leyenda que dejó este personaje. Alejandro era de hermosa presencia, cutis blanco, cabello castaño/negro y ondulado, ojos claros, aunque cuando andaba tenía el hábito de inclinar ligeramente la cabeza sobre el hombro derecho.

Su educación fue inicialmente dirigida por Leónidas, un maestro macedonio que daba clases a los hijos de la más alta nobleza, el cual lo inició en los ejercicios corporales y repetidas veces lo comparaba con el héroe Aquiles. Sin embargo a los trece años, pronto fue puesto al cuidado de Aristóteles, quien sería su maestro en un retiro en la ciudad macedonia de Mieza el cual le enseñó a Alejandro la política, la elocuencia y la historia natural. Sabía de memoria los poemas homéricos y todas las noches colocaba La Iliada debajo de su lecho.

Muy pronto (340 adC) su padre lo asoció a tareas del gobierno nombrándolo regente, a pesar de su juventud. En el 338 adC dirigió la caballería macedónica en la batalla de Queronea, siendo nombrado gobernador de Tracia ese mismo año. Desde pequeño, Alejandro demostró las características más destacadas de su personalidad: activo, enérgico, sensible y ambicioso. Es por eso que a pesar de tener apenas 16 años, se vio obligado a repeler una insurrección armada. Se afirma que Aristóteles le aconsejó esperar para participar en batallas, pero Alejandro le repondió: “Si espero perderé la audacia de la juventud“.

Se cuentan numerosas anécdotas de su niñez, siendo la más referida aquella que narra Plutarco: Filipo II había comprado un gran caballo al que nadie conseguía montar ni domar. Alejandro, aun siendo un niño se dio cuenta de que el caballo se asustaba de su propia sombra y lo montó dirigiendo su vista hacia arriba, hacia el sol. Su padre le dijo tras domar a su caballo, Bucéfalo: "Macedonia es demasiado pequeña para ti". En efecto, Alejandro quedaba libre para empezar la guerra contra Persia.

Sin embargo, Alejandro había adquirido el vicio común de los macedónicos: la bebida. Se embriagaba con frecuencia y en tales circunstancias, perdía el control sobre sus actos y cuando se enfurecía podía llegar al crimen.

Un nuevo matrimonio de su padre, que podría llegar a poner en peligro su derecho al trono (no conviene olvidar que el mismo Filipo fue regente hasta la mayoría de edad de su sobrino, pero se adueñó del trono) le alejó de su padre. Es famosa la anécdota de cómo, en la celebración de la boda, el nuevo suegro de Filipo (un poderoso noble macedonio llamado Atalo) rogó porque el matrimonio diera un heredero legítimo al rey. Alejandro le echó encima el contenido de su copa, espetándole: "Y yo ¿qué soy? ¿un bastardo?". Cuando Filipo, borracho, se acercó a poner orden, Alejandro se burló diciendo ”Quiere cruzar Asia, pero ni siquiera es capaz de pasar de un lecho a otro sin caerse”. La historia le valió la ira de su padre, teniendo que huir. Sin embargo, terminaría por perdonarle.

Ascenso al poder

Después del asesinato de su padre en el año 336 adC a manos de Pausanias, un capitán de su guardia, Alejandro Magno heredó el reino cuando solamente tenía veinte años. La conspiración detrás del asesinato, aunque atribuida generalemente a una historia amorosa del rey, ha dejado a Alejandro y su madre como posibles sospechosos.

Este momento de aparente debilidad de la monarquía macedónica supuso que toda la Grecia sometida por Filipo se alzase en armas, pero Alejandro dio resueltamente pruebas de su fuerza militar: atravesó Tesalia, sometiéndola, (ya había sido conquistada por Filipo), venció a los griegos tomando y destruyendo Tebas, y obligó a Atenas a acatar su poder. Se hizo nombrar Hegemon, título que ya había ostentado su padre y que lo situaba como gobernador de toda Grecia.

Consolidada así la hegemonía macedónica, Alejandro teniendo a su disposición un estado consolidado tras las reformas internas de Filipo II, se dispuso a cumplir su último proyecto: Conquistar el Imperio Persa.

Alexander cuts the Gordian Knot.jpg (Escuela de Bellas Artes, París)]]

La conquista de Persia

Comenzó por Asia Menor, en donde los persas ofrecieron débil resistencia, venciendo en la batalla a orillas del riachuelo Gránico. En este lugar, los sátrapas le opusieron un ejército de 40.000 hombres, en su mayor parte, griegos mercenarios. En este combate, Alejandro estuvo cerca de la muerte, pues un persa trató de asesinarlo por la espalda, pero salvó la vida, gracias a Clito, su fiel amigo, que de un sablazo derribo al agresor. Las ciudades griegas de las costas se entregaron ya sea por miedo o por querer ser liberadas.

A finales de 334 adC decidió invernar en Gordión, antigua capital de Frigia. Allí se encontraba un famoso carro real, sujeto a un nudo complicadísimo. Según el oráculo de Gordión, quien supiera deshacerlo conquistaría Asia. Alejandro resolvió el problema cortando el nudo con su espada “la forma de hacerlo no importa” dijo.

Una contraofensiva marítima de los persas en el Egeo, al mando de Memnón de Rodas y su flota, puso en peligro a la Grecia continental, pero esta amenaza se detuvo después de la victoria de Alejandro sobre Darío III en la batalla de Isos (pequeña llanura situada entre las montañas y el mar cerca de Siria) en el 333 adC, en la cual, el rey Darío huyó amparado en la oscuridad de la noche dejando en el campo de batalla sus armas y su manto púrpura. El rey, tomó conciencia de la amenaza y envió propuestas de negociación, que fueron desestimadas. Sin embargo, la familia de Darío III fue capturada en el interior de una lujosa carpa o tienda . Alejandro trató a todos con gran cortesía y les manifestó que no tenía ninguna cuestión personal contra Darío, sino que luchaba contra él para conquistar Asia.

Alejandro conquistó fácilmente Fenicia, con excepción de Tiro, debiendo mantener un largo asedio (de enero a agosto de 332 adC). Conquistada Tiro se dirigió a Egipto, en donde se hizo proclamar 'Hijo de Amón', título reservado solo para los faraones. En esa época controló la situación de rebeldía en Anatolia y el Egeo, de tal modo que en la primavera del 331 adC, desde Tiro, organizó los territorios conquistados. Darío, con un ejército más numeroso, decidió hacerle frente en Gaugamela a orillas del Tigris, pero a penas logró salvar su vida, ya que pese a la superioridad numérica se vio derrotado por el genio militar del joven rey macedonio.

En ambas ocasiones el emperador persa escapó huyendo. Darío fue traicionado por sus nobles y asesinado. Alejandro habría de honrar a su otrora rival y enemigo, y perseguir a sus asesinos.

También esta conjura provocó la muerte de Filotas, hijo de Parmenión, Amintas (primo de Alejandro), considerado por los insurgentes como el legítimo rey (Filipo llegó al trono, pues su hermano, el regente de Macedonia cayó muerto y su hijo, Amintas, era aún muy joven para gobernar). Tiempo después ocurrió una nueva conjura contra Alejandro, ideada por sus pajes, la cual tampoco logró su objetivo. Tras esto, Calístenes (quien hasta ese momento había sido el encargado de redactar la historia de las travesías de Alejandro), fue considerado como impulsor de este complot, por lo que fue condenado a muerte, sin embargo él se quitó antes la vida.

Uno de sus generales más queridos del último ejército legado por su padre fue Cleito o Clito "El Negro", al que Alejandro nombraría antes de este incidente sátrapa de Bactriana. Alejandro, orgulloso de su poder y dominado por su ambición, pretendió ser adorado como un dios. En un banquete, su amigo Clito, cansado de tantas lisonjas, le dijo indignado: No eres un dios, porque los dioses hacen las cosas solos y tú has llegado a ser grande, gracias a los macedonios; incorporándose volvió a gritarle: Sin mí, hubieras perecido en el Gránico.

Alejandro, que estaba ebrio, buscó su espada, pero uno de los guardias la ocultó. Clito fue sacado del lugar por varios amigos, pero regresó por otra puerta, y mirando fijamente al conquistador, repitió un verso de Eurípides: Qué perversa costumbre han introducido los griegos. Alejandro arrebató una lanza a uno de los guardias y mató a Clito, que se desplomó en medio del estupor de los presentes. Arrepentido del crimen, pasó tres días encerrado en su tienda y algunos afirman que hasta trató de suicidarse a consecuencia de la muerte de su amigo quién murió en manos del mismo Alejandro en esa noche de juerga, tras sentirse ofendido por él.

Tras muchas peripecias y conquistas, Alejandro había invadido Bactriana, se había casado con la princesa Roxana, y llevaría a su ejército a atravesar el Parapamisos y a dominar el valle del Indo, con la única resistencia del rey indio Poros en Hidaspes.

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A sus treinta y dos años su imperio se extendía hasta el valle del Indo por el Este y hasta Egipto por el Oeste, donde fundó la famosa ciudad de Alejandría (hoy Al-Iskandría, الاسكندرية ). Fundador prolífico de ciudades, esta ciudad egipcia habría de ser con mucho la más famosa de todas las Alejandrías fundadas por el también faraón Alejandro.

De hecho, en las monedas acuñadas en su época y en la de sus sucesores, la figura de Alejandro Magno se fusiona y llega a confundir con la de Apolo. Asimismo, en el oráculo del oasis de Siwah se le proclamó hijo de Zeus-Amón, y aunque nunca repudió públicamente a su padre, el rey Filipo, tampoco desmintió su presunta ascendencia divina.

Con sus acciones extendió ampliamente la influencia de la civilización griega y preparó el camino para los reinos del período helenístico y la posterior expansión de Roma. Fue además gran amante de las artes. Alejandro era consciente del poder de propaganda que puede tener el arte y supo muy bien controlar la reproducción de su efigie cuya realización sólo autorizó a tres artistas: un escultor, Lisipo, un orfebre y un pintor, Apeles. Los biógrafos de Alejandro cuentan que éste tenía en gran aprecio al pintor y que visitaba con frecuencia su taller y que incluso se sometía a sus exigencias.

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El Ejército de Alejandro Magno


El ejército macedonio bajo Filipo II y Alejandro Magno consistía de diferentes cuerpos complementandose entre sí: caballería pesada; caballería ligera; infantería pesada e infantería ligera.

La caballería pesada la constituían los hetairoi o compañeros formados en escuadrones ilai de 256 jinetes con casco beocio, coraza de bronce o linotorax, equipados con xyston o lanza de 3,80 m y una espada. Los compañeros formaban la unidad élite de caballería aristocrática macedonia, siendo el principal elemento ofensivo de Alejandro. En batalla los compañeros se formaban a la derecha de los hypspistas; los 9 escuadrones en el orden del día con el escuadrón real de 300 jinetes tomando el lugar de honor en la línea bajo el mando de Clito cuyo deber era el de proteger al rey en batalla, a su izquierda se formaban los otros compañeros en 8 escuadrones de 256 compañeros subdivididos en 4 unidades de 64 jinetes bajo el mando de Filotas. La infantería macedonia actuaba de "yunque", mientras que la caballería era el "martillo" que azotaba al enemigo. En frente de los compañeros se formaban los arqueros y agrianos y protegiendo su flanco derecho los prodromoi y demás caballería ligera.

La caballería aliada tesaliana servía también como caballería pesada, armados y equipados como los compañeros, presuntamente la mejor caballería de toda Grecia y cuyo deber era proteger el flanco izquierdo de la falange macedonia. El escuadrón de Farsalia le servía de guardia a Parmenio. Al principio de la campaña había 1.800 jinetes tesalios.

Estos a su vez eran suplementados por el resto de la caballería pesada griega, este contingente aliado era parte de la fuerza con que contribuyó la Liga Helénica al ejército macedonio y que además servían de rehenes para el buen comportamiento de sus respectivas ciudades.

La caballería ligera consistía de los prodromoi o exploradores con casco beocio y sin más armadura, cuyo deber era el de reconocer el territorio enemigo que el ejército atravesaría, y en batalla se formaban a la derecha de los compañeros, usaban la sarissa o pica de los falangistas pero podían ser rearmados con jabalinas para reconocimiento y exploración.

Los prodromoi a su vez eran suplementados por la caballería tracia, odrisios y paionios en su mayoría, armados y equipados con casco tracio o en caso de los paionios con casco ático sin más armadura y blandiendo lanza y espada.

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Alejandro y Egipto


La cultura del antiguo Egipto impresionó a Alejandro desde los primeros días de su estancia en este país. Los grandes vestigios que él veía por doquier le cautivaron hasta el punto que quiso faraonizarse como aquellos reyes casi míticos. La Historia del Arte nos ha dejado testimonio de estos hechos y apetencias. En Karnak existe un relieve donde se ve a Alejandro haciendo las ofrendas al dios Amón, como lo hace un converso. Viste la indumentaria faraónica:

  • Klaft faraónico (el manto que cubre la cabeza y va por detrás de las orejas, clásico del antiguo Egipto), más la corona Doble, roja y blanca, que se sostiene en equilibrio inestable.
  • Cola litúrgica de chacal, que con el tiempo se transformó en "cola de vaca".
  • Ofrenda en cuatro vasos como símbolo para indicar "cantidad", "repetición", "abundancia" y "multiplicación".

En los jeroglíficos del muro se distinguen además los dos nombres de Alejandro-faraón y ambos se presentan dentro de un serej y un cartucho egipcio:

Muerte de Alejandro


Alejandro Magno murió a la edad de 33 años y abundan las hipótesis al respecto de su muerte: Teorías actuales señalan como causa a la enfermedad vírica conocida como fiebre del Nilo. Otras apuntan al envenenamiento por parte de sus generales para apoderarse del Imperio, mientras que algunas menos excentricas y más en acorde con lo extraordinario de su vida y posición, indican que tras una de las bacanales fiestas hartas de excesos que le eran habituales, después de practicar su desmedida afición a la ingesta de alcohol en la copa de Hércules (véase "cántharus" Cerámica griega) y descuidando los cambios de temperatura, cayó enfermo y falleció al poco a causa de una Neumonía.

Otra versión también muy probable fue la de su enfermedad gástrica(citada en "Las Vidas Paralelas" de Plutarco) que lo hizo depender durante toda su vida de una medicina que preparaba especialmente Aristóteles, quien lo educo en la niñez y a quien toda su vida le envió plantas y especies exóticas para examinar durante sus conquistas en el lejano Este. Esta medicina que preparaba Aristóteles especialmente para él pudo contener algún ingrediente que pudiera ser tóxico y que le podría haber dañado gradualmente algún otro órgano vital. Actualmente se manejan la hipótesis del envenenamiento de los generales (sobre todo por Casandro) y la de la medicina aristotélica como "oficial" en esa época.

Después de Alejandro


A la muerte de Alejandro quedaron ciertos personajes como familiares y herederos como su madre Olimpia, su esposa Roxana, su hijo Alejandro, su amante Barsine y su hijo Hércules, personajes que fueron víctimas mortales del odio de Casandro, su sucesor en el poder, y su probable asesino, asunto éste que, según ciertos historiadores, no se debe juzgar con la óptica actual sino con la de aquellos tiempos.

Dichos personajes eran: Filipo Arrideo, (que llegó a ser por poco tiempo Filipo III de Macedonia), hijo de Filipo II y hermano de Alejandro, más su esposa Eurídice (joven macedonia, mandada asesinar por Olimpia de Epiro después de la muerte de Filipo Arrideo). Roxana, princesa bactriano-persa viuda de Alejandro, embarazada; fue su última esposa. (Mandada asesinar por Casandro). Más tarde nació su hijo llamado también Alejandro, que llegó a ser Alejandro IV por poco tiempo, pues a los 13 años fue también asesinado por orden de Casandro. Había asimismo dos viudas más de Alejandro, hijas del rey Dario, Estatira (su primera esposa, con quien concibió un hijo, cuyo embarazo no llegó a término) y su hermana Barsine. Aquí ocurre una paradoja, el primer gran amor de Alejandro, se llamó Barsine, esposa de Memnón, y mercenario griego que luchaba por Dario, quien fue muerta, lamentablemente, por miembros de su guardia intentando defenderla. Tesalónica, hermanastra de Alejandro. En el transcurso de unos pocos años, no quedó ningún miembro de la familia de Alejandro Magno. El reino también sufrió grandes divisiones a causa de disputas entre los generales más cercanos a Alejandro, muchos trataron de mantener el imperio unido pero bajo su mando, lo que generó una sucesión de batallas y campañas que derivaron en la división en varios reinos independientes que fundaron sus dinastías.

  • Dinastía Ptolemaica: Ptolomeo estuvo desde un primer momento en Egipto y se mantuvo aislado y estable desde un primer momento.

  • Dinastía Antigónida: Ubicada en Macedonia como centro y con Casandro como rey, esta dinastía ocupó también Grecia.

Lisímaco obtuvo Tracia y Asia Menor pero no logró una sucesión.

Matrimonios y sexualidad de Alejandro


Generalmente se considera que el apego emocional más grande que tuvo Alejandro fue por su compañero, comandante de caballería y posible amante, Hefestión. Probablemente fueron amigos desde la niñez, dado que Hefestión también recibió educación en la corte del padre de Alejandro. Hefestión hace su aparición en la historia en el momento en que Alejandro alcanza Troya. Allí ambos amigos hacen sacrificios en los altares de los héroes de la Ilíada; Alejandro honrando a Aquiles y Hefestión a Patroclo. Como Aeliano (o Eliano) en su Varia Historia (12,7) afirma, “De esa manera Alejandro implicó que él (Hefestión) era su objeto de amor, como Patroclo lo fue de Aquiles.”

Muchos discutieron su sexualidad ambivalente. La carta 24 atribuida a Diógenes de Sinope —aunque escrita en el primer o segundo siglo de nuestra era, y reflejando probablemente los chismes de los días de Alejandro— expresa que amonestó a Alejandro diciendo “Si quieres ser hermoso y bueno (kalos kai agathos), arroja ese trapo que tienes sobre tu cabeza y ven con nosotros. Pero no serás capaz de hacerlo, dado que estás dominado por los muslos de Hefestión.” Y Custius relata que “Alejandro despreciaba los placeres sensuales (femeninos) a tal grado que su madre estaba ansiosa por temor de que éste no le dejase descendencia.” Para agudizar su apetito por las mujeres el rey Filipo (quien ya había reprochado a su hijo por hablar en voz demasiado alta), junto a su madre Olimpia, trajo a una costosa cortesana de Tesalónica llamada Kallixeina. Pero no todos los antiguos pensaban igual. Eumenes (370-265) afirmaba que Alejandro “no se sentía a gusto con el sexo”, mientras que Athenaios afirmaba que Alejandro era un “desbocado amante de adolescentes” (pederasta, según su significado antiguo).

Posteriormente, a lo largo de su vida, Alejandro se casó con varias princesas de los anteriores territorios persas: Roxana de Bactriana, Estateira, hija de Dario III, y Parysatis, hija de Oco. Alejandro fue padre de al menos dos niños: Heracles, nacido en el 327 adC de su concubina Barsine, hija del sátrapa Artabazo II de Frigia Helespóntica, y Alejandro IV de Macedonia, de Roxana, en el 323 adC.

Curtio mantiene que Alejandro también tomó como amante a “... Bagoas, un eunuco de excepcional belleza y en la flor de su juventud, con el cual Darío había intimado y con el cual Alejandro luego intimaría” (VI.5.23) (en la antigüedad los eunucos solían ser emasculados sólo de las gónadas). Eumenes escribe que, antes de aventurarse aún más al Este, Alejandro instaló a Bagoas en una villa en las afueras de Babilonia y requirió a todos sus oficiales y cortesanos —ya fuesen griegos o persas— a rendirle honores (esto es, a presentarle costosos regalos). El favor de Alejandro por Bagoas es también obvio con el subsiguiente nombramiento de éste como uno de los trierarcas, quienes eran hombres de carácter que supervisaban y financiaban la construcción de barcos para el viaje de regreso a la patria. Su relación parece haber sido bien conocida entre sus tropas, ya que Plutarco relata un episodio (también mencionado por Athenaios y Dicaearco) durante unos festejos cuando regresaban de la India, en los cuales sus hombres clamaban a Alejandro que besase abiertamente a Bagoas, accediendo a esta solicitud. Cualquiera que fuese su relación con Bagoas, no fue impedimento para que éste tuviese relaciones con su reina: seis meses después de la muerte de Alejandro, Roxana dio a luz a su hijo y heredero Alejandro IV. Además de Bagoas, Curtio menciona otro amante de Alejandro, Euxenippos, “cuya joven belleza lo llenaba de entusiasmo” (VII,9,19).

La cuestión de si Alejandro fue homosexual, bisexual o incluso transformista (durante las fiestas ocasionalmente se vestía con el vestido plateado de Atenea), tomando para ello su significado moderno, es controvertida.

Recientemente, muchos griegos y eslavos macedonios han expresado indignación ante tales sugerencias en relación con su héroe nacional (véase homofobia). Ellos argumentan que los relatos históricos que describen las relaciones sexuales de Alejandro con Hefestión y Bagoas fueron escritos siglos después de los hechos, y que de ese modo nunca puede establecerse cuál fue la relación “real” con sus acompañantes masculinos. Otros argumentan que lo mismo puede ser dicho respecto de toda la información disponible respecto de Alejandro Magno.

Tales debates, de todos modos, son considerados anacronismos por los eruditos en ese período, quienes señalan que el concepto de homosexualidad no existía en la Antigüedad: la atracción sexual entre hombres era vista como normal y parte universal de la naturaleza humana, ya que el hombre era atraído hacia la belleza, que era un atributo de la juventud, independientemente del género. Si la vida amorosa de Alejandro fue transgresora lo fue no por su amor hacia jóvenes bellos, sino por su relación con hombres de su propia edad en un tiempo en el que el modelo estándar del amor masculino era el que relacionaba hombres mayores con otros mucho más jóvenes.

Alejandro en la posteridad


La vida de Alejandro III ha dado lugar a abundante literatura y luego cinematografía del tipo peplum, por ejemplo el film Alejandro Magno de 1956, dirigido por Robert Rosen; Oliver Stone dirigió en 2004 otra película biográfica, Alejandro Magno (2004), en la que aludía claramente a la vida amorosa del rey macedonio.

Principalmente en Asia, Alejandro Magno es adjetivado Bicorne (El de dos cuernos), esto por los siguientes motivos: el propio Alejandro adoptó como animal emblemático un morueco; en buena parte de la antigua literatura un cuerno era símbolo de gran poderío, dos cuernos significan un poder hiperlativo; por otra parte los dos cuernos también aluden a una creencia que persistió casi hasta la Edad Contemporánea, aquella que suponía al imperio de Alejandro extendido "hasta los dos extremos de la Tierra" (de Oeste a Este).

Juicios sobre su personalidad

  • Victor Davis Hanson: "A demasiados estudiosos les gusta comparar a Alejandro con Aníbal o Napoleón. Un equivalente mucho mejor sería Hitler (...) ambos eran místicos chiflados, concentrados únicamente en el botín y el saqueo bajo la apariencia de llevar la 'cultura' a Oriente y 'liberar' a los pueblos oprimidos de un imperio corrupto. Ambos eran amables con los animales, mostraban deferencia a las mujeres, hablaban constantemente de su propio destino y divinidad, y podían ser especialmente corteses con subordinados aunque estuvieran planeando la destrucción de cientos de miles de personas, y asesinaron a sus colaboradores más íntimos."

  • N. G. L. Hammond: "Hemos mencionado muchas facetas de la personalidad de Alejandro: sus profundos afectos, sus fuertes emociones, su valor sin límite, la brillantez y rapidez de su pensamiento, su curiosidad intelectual, su amor por la gloria, su espíritu competitivo, la aceptación de cualquier reto, su generosidad y su compasión; y, por otro lado, su ambición desmesurada, su despiadada fuerza de voluntad: sus deseos, pasiones y emociones sin freno (...) en suma, tenía muchas de las cualidades del buen salvaje."

  • Paul Cartledge: "¿O no fue ninguno de estos Alejandros recreados por los sabios, o tenía algo de todos, o algunos, de ellos? (...) Mi Alejandro es una suerte de contradicción: un pragmatista con una veta de falsedad, pero también un entusiasta con una veta de romanticismo apasionado."

Notas


  1. Victor Davis Hanson, The Wars of the Ancient Greeks and their Invention of Western Military Culture, Londres, Cassell, 1999, págs. 189-190.
  2. Nicholas G. L. Hammond, Alejandro Magno. Rey, general y estadista, Madrid, Alianza, 1992, pág. 378.
  3. Paul Cartledge, Alexander The Great. The Hunt for a New Past, Londres, Macmillian, 2004, págs. 193 y 197.

Bibliografía


  • Arriano, Flavio: Anábasis de Alejandro Magno, Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1982. ISBN 84-249-0266-1 (Libros I-III); ISBN 84-249-0306-4 (Libros IV-VIII).
  • Cosmelli Ibáñez, José: Historia Antigua y Medieval, Trigesimo Séptima Edición, Editorial Troquel S.A., Argentina, 1983. ISBN 9501663485.
  • De Santis, Marc G: At The Crossroads of Conquest. Military Heritage, 2001. Volumen 3, No. 3: 46-55, 97 (“Alexander the Great, his military, his strategy at the Battle of Gaugamela and his defeat of Darius making Alexander the King of Kings”).
  • Fuller, J.F. C: A Military History of the Western World: From the earliest times to the Battle of Lepanto; Nueva York: Da Capo Press, Inc., 1987 y 1988. ISBN 0306803046.
  • Guzmán Guerra, Antonio & Gómez Espelosín, Francisco Javier. Alejandro Magno. Alianza Editorial, Madrid (2004). ISBN 8420658650.
  • Plutarco, Las Vidas Paralelas, Alejandro y Julio César.

Véase también


Precedido por:
Filipo II
Rey de Macedonia
(336-323 adC)
Sucedido por:
Filipo III (Faraón)
Alejandro IV
Precedido por:
Darío III (Faraón)
Gran Rey de Media y Persia
(330-323 adC)
Faraón de Egipto
(332-323 adC)

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