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Hitler_from_Mussolini_Luce_photo.png Adolf Hitler (Braunau am Inn, Austria, 20 de abril de 1889 - Berlín, 30 de abril de 1945), político y dictador alemán de origen austríaco, que estableció un régimen nacionalsocialista en el que recibió el título de Reichskanzler y Führer (caudillo, líder o guía).

Elegido democráticamente ante las urnas con mayoría absoluta y como jefe del Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei o NSDAP), dirigió el gobierno del país de 1933 a 1945, ocupando sucesivamente los cargos de canciller, jefe de Gobierno y jefe de Estado.

Orador dotado y carismático, poseído por una profunda convicción, Hitler es considerado como uno de los líderes más influyentes y crueles de la historia. Fue el autor intelectual de uno de los genocidios más grandes de la historia al enviar a seis millones de personas a la muerte. El sistema industrial-militar que instauró llevó a Alemania al salir de la crisis económica post-Primera Guerra Mundial y, en su apogeo, a controlar gran parte de Europa.

Hitler ordenó la invasión de Polonia en 1939, en lo que constituyó el factor detonante de la Segunda Guerra Mundial. La guerra que el Eje (Alemania, Italia y Japón) y los aliados llevaron a cabo durante ese tiempo condujo a la destrucción de gran parte de Europa.

Su vida


Baby-hitler.jpg Hitler nació en Braunau, una pequeña aldea cerca de Linz en la provincia de la Alta Austria, no muy lejos de la frontera alemana, en lo que entonces era el Imperio Austrohúngaro. Su padre, Alois Hitler (1837-1903), era un modesto agente de aduanas nacido fuera de matrimonio. Hasta la edad de 40 años, Alois usó el apellido de su madre, Schicklgruber. Cinco años después de tener a su hijo, Maria Anna Schicklgruber se casó con Johann Georg Hiedler. Al poco tiempo, el hermano de Johann, Nepomuk, llevó a Alois a vivir con su familia. Su infancia la pasó en Linz y su juventud en Viena.

En 1876, cuando hacía años que María y Georg habían fallecido, Nepomuk, quien había ejercido de padre adoptivo, dio su apellido a Alois, haciendo constar en el registro bautismal a Georg Hiedler como padre legítimo. Más tarde, Adolf Hitler sería acusado por sus enemigos políticos de no ser legítimamente Hitler sino Schicklgruber.

Su madre, Klara Hitler (nacida Klara Pölzl), era a su vez también prima segunda de su padre. Klara tuvo seis hijos; Adolf fue el segundo y, junto con su hermana menor Paula, el único que sobrevivió a la infancia.

Hitler era un chico inteligente, pero variable, y en dos ocasiones suspendió el examen de entrada a la universidad en Linz. Allí quedó cautivado por las lecturas pangermánicas y antisemitas del profesor Leopold Poetsch, quien influyó notablemente en la mente del joven.

Hitler era devoto de su madre y probablemente odiaba a su padre, quien era un estricto disciplinario. Padre e hijo tampoco compartían sus ideas políticas. Alois Hitler también deseaba que su hijo llegara a ser funcionario como él, empleo del que se sentía muy orgulloso y al que había llegado prácticamente sin una base académica. Pero al joven Hitler ese futuro no le seducía en absoluto, ya que estaba demasiado alejado de su objetivo, las artes. Se interesó por la pintura y la arquitectura, pero no logró ser admitido en la Escuela de Bellas Artes de Viena al no poseer talento.

Hitler, en su libro Mein Kampf (Mi Lucha), es respetuoso con su padre, aunque indica que había diferencias irreconciliables sobre su firme decisión de convertirse en artista. Alois falleció en enero de 1903 y Klara, tercera mujer de Alois y madre de Adolf Hitler, murió de cáncer en diciembre de 1907, lo que le afectó profundamente.

Muchos historiadores especulan que su odio extremo hacia los judíos era por la posibilidad de que el padre biológico de Alois (y por tanto su abuelo) fuera de origen judío. Cosa desmentida luego. Otros lo atribuyen a que su madre murió al cuidado de un médico judío, mientras que otros lo basan en la influencia sionista para que Estados Unidos entrara en la guerra. Hasta la fecha, ninguna de estas aseveraciones ha sido convincentemente confirmada. Se puede hablar de otra teoría que dice Hitler sufría viendo al pueblo alemán en hambruna y pobreza, mientras los masones judíos poseían cantidades increíbles de riquezas, entre estas diamantes, oro y plata.

En 1905 abandonó la escuela secundaria de Linz para ir a Viena e ingresar en la Academia de Bellas Artes con el fin de convertirse en pintor, pero fue rechazado en el examen de ingreso. A pesar de su fracaso, decidió quedarse en Viena, viviendo de la venta de sus pinturas con grandes dificultades económicas (llegó a vivir durante tres años en un albergue para indigentes), para seguir pintando y presentarse a un segundo examen de ingreso, que no llegó a realizar nunca. Viena, una ciudad cosmopolita, con mucha vitalidad intelectual y multicultural, le era por completo incomprensible. En aquella época, en Viena existía un importante ambiente antisemita.

Se trasladó a Múnich en 1913 para eludir el servicio militar en su país y atraído también por la prosperidad y fortaleza que mostraba Alemania, en contraste con la decadente y débil Austria.

Primera Guerra Mundial

Al inicio de la Primera Guerra Mundial (1914) decidió alistarse como voluntario en el ejército alemán. Realizó su servicio en Francia y Bélgica como mensajero del 16° Regimiento de Infantería Bávara de Reserva, que lo expuso al fuego enemigo. También aprovechó para dibujar algunas historietas y dibujos de instrucción para el periódico del ejército. Fue condecorado en varias ocasiones por su valor en combate, destacando especialmente la consecución de la Cruz de Hierro de segunda clase, en diciembre de 1915, y la Cruz de Hierro, primera clase, en agosto de 1918, un honor raras veces dado a un soldado de tan baja graduación (ya que aún no era ciudadano alemán no fue promovido más allá del grado de cabo). En octubre de 1916, en el norte de Francia, Hitler fue herido en la pierna, regresando al frente en marzo de 1917.

Adolf Hitler im Ersten Weltkrieg.jpg Hitler era considerado como un soldado «correcto», pero según se informa era impopular entre sus compañeros debido a una actitud poco crítica hacia los superiores. «Respetar al superior, no contradecir a nadie, obedecer a ciegas», dijo, describiendo su actitud mientras era enjuiciado por el putsch de Múnich en 1923. Uno de sus camaradas comentó: «Nos quejamos sobre él y encontrábamos intolerable que entre nosotros tuviéramos a un cuervo blanco» (Haiden, 1936).

El 15 de octubre de 1918, poco antes del final de guerra, Hitler fue trasladado a un hospital de campaña, donde quedó temporalmente ciego por un ataque con gases tóxicos. Una investigación realizada por Bernhard Horstmann indica que su ceguera pudo haber sido resultado de una reacción histérica a la derrota alemana. Hitler dijo que esa experiencia fue la que le convenció de que el objetivo de su vida era lograr la salvación de Alemania. Mientras, fue tratado por un médico militar y un especialista en psiquiatría, que, según se informa, diagnosticó al cabo como «incompetente para comandar gente» y «peligrosamente psicótico». Su comandante declaró: «¡Nunca promoveré a este histérico!». Sin embargo, el historiador Sebastian Haffner, refiriéndose a la experiencia de Hitler en el frente, sugiere que por lo menos tuvo algún tipo de entendimiento con los militares.

La capitulación alemana en noviembre de 1918 lo impactó sobremanera, pues en la creencia popular alemana el ejército alemán permanecía invicto. Como muchos otros nacionalistas alemanes, Hitler culpó a políticos civiles («los criminales de noviembre») por la rendición. Una explicación extendida por la derecha conservadora sobre la capitulación era la Dolchstosslegende («la leyenda de la puñalada por la espalda»), que pretendía argumentar que a espaldas del ejército los políticos liberales habían traicionado y habían «apuñalado» a los alemanes y sus soldados por la espalda. El Tratado de Versalles impuso reparaciones de guerra y otras sanciones económicamente muy perjudiciales para el país, declarando a Alemania culpable de los horrores de la Primera Guerra Mundial. El tratado fue percibido por los alemanes como una humillación y fue un importante factor en la creación de las condiciones sociales y políticas encontradas por Hitler y su Partido Nacionalsocialista para llegar al poder.

Inicios en el Nazismo

Después de la guerra, Hitler permaneció trabajando para el ejército como espía militar, siendo destinado a la supresión de levantamientos socialistas, que estallaron a través de toda Alemania, incluyendo Múnich, lugar a donde Hitler regresó en 1919. Participó en el «pensamiento nacional», cursos organizados por el Departamento de Educación y Propaganda del grupo bávaro de la Reichswerh. Un objetivo clave de este grupo era crear una «cabeza de turco» para justificar la derrota alemana. Las cabezas de turco fueron encontradas en el Judaísmo Internacional, los comunistas y los políticos liberales, especialmente los miembros de la colación de Weimar, que eran considerados como los «criminales de noviembre».

En julio de 1919, Hitler fue designado V-Mann (Verbindungsmann, término alemán para espía de la policía) del Aufklärungskommando (Comando de Inteligencia) de la Reichswehr, con el objetivo de atraer a otros soldados de ideas similares, siendo asignado a infiltrarse en un pequeño partido nacionalista de extrema derecha, el Partido Obrero Alemán (DAP). Allí, Hitler conoció a Dietrich Eckart, uno de los primeros miembros y fundador del partido.

Hitler announcing acquisition of Austria.jpg Hitler comenzó a participar a tiempo completo en las actividades del partido. Ya a principios de 1921, Adolf Hitler era considerado como un gran orador, hablando frente a muchedumbres cada vez más grandes. En febrero, habló ante una muchedumbre de casi seis mil personas en Múnich. Para hacer pública la reunión, envió dos camiones de partidarios del Partido para conducir alrededor con esvásticas, causar conmoción y tirar prospectos; fue el primer empleo de esta táctica. Hitler ganó notoriedad fuera del partido por sus discursos polémicos, atacando el Tratado de Versalles, a políticos y grupos rivales (sobre todo marxistas) y, siempre, a los judíos, a los que posteriormente intentaría exterminar en los campos de concentración.

Por entonces, sus principales enemigos eran los comunistas; para combatirlos, creó la Sturmabteilung —la S.A.— comandada por Johann Ulrich Klintzich, aunque el verdadero jefe era el capitán Ernest Röhm. Toma como emblemas la Hakenkreuz —la cruz gamada— y el saludo del fascismo italiano del brazo en alto.

Eso le hace acaparar apoyos en los sectores conservadores, aprovechándose de la situación de recesión favorecida por la posguerra, culpando a los judíos, los comunistas y a los países que habían vencido a Alemania de imponer unas condiciones asfixiantes.

El grupo adquirió mayor preponderancia y en 1921 tomó el nuevo nombre de Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP), también llamado Partido Nazi. En 1923 Hitler preparó, con el apoyo de Erich Ludendorff, un fallido golpe de Estado, por lo que fue condenado a cinco años de prisión, de los cuales sólo cumplió ocho meses. Durante su estancia, en un régimen carcelario bastante blando, le dictó a Rudolf Hess su manifiesto político Mein Kampf, en el que presentaba a Alemania y al mundo cuál iba a ser su política futura y su visión del Lebensraum. Fue puesto en libertad en diciembre de 1924.

El inicio de la Gran Depresión de 1929, el paro y el consecuente desencanto del pueblo alemán favorecieron, entre otras circunstancias, el incremento de sus seguidores y dieron a su partido mayores posibilidades de trabar estrechas relaciones con los medios sindicales patronales, que buscaban fuerzas de choque para emplearlas contra las organizaciones obreras de izquierda. El gran carisma y un desarrollado talento en la oratoria impresiona a muchas personas que se le unen, tales como Albert Speer y Rudolph Hess, entre otros.

Logró atraerse a las clases medias, los trabajadores en paro y los grandes industriales y logró que su partido se convirtiera en el grupo parlamentario más fuerte en 1932. Sin embargo, fue derrotado por Hindenburg en las elecciones de marzo de ese año.

En este periodo, su vida sentimental se vio marcada por su relación con su sobrina Geli Raubal, que terminó suicidándose en oscuras circunstancias. Geli Raubal era hija de su hermanastra Angela y fue una de las llamadas Mujeres de Hitler.

Ascenso al poder

Tras su derrota en las elecciones de 1932, Hitler promovió una ola de revueltas y violencia callejera que forzó al débil e inestable gobierno al colapso. Paul von Hindenburg se vio forzado a pactar con Hitler, que fue nombrado canciller alemán el 30 de enero de 1933 con la colaboración de los católicos de Franz von Papen y sus socios. Disolvió el Parlamento y convocó elecciones, liderando el Partido Nacional-socialista. Una semana antes de las votaciones, se produjo un incendio en el edificio del Reichstag y Hitler, tras acusar a la oposición comunista y social-demócrata del incendio, promulgó leyes de excepción, eliminando y persiguiendo a muchos adversarios políticos.

Consiguió la mayoría en las elecciones de mayo (aunque muchos historiadores señalan que no logró un apoyo importante por parte del pueblo alemán inicialmente). En poco tiempo, logró afianzarse en el poder, detentando los cargos de canciller y presidente de la República a la muerte de Hindenburg (2 de agosto de 1934), nombrándose a sí mismo Reichsführer. Estableció el nacional-socialismo como único partido legal. Eliminó a los oponentes de su propio partido y a colaboradores de dudosa fidelidad durante la llamada «Noche de los cuchillos largos», iniciando el proceso de eliminación de diversos grupos raciales, políticos, sociales y religiosos que consideraba «enemigos de Alemania» y «razas impuras», lo que más tarde le llevó a crear los campos de concentración para llevar a cabo la liquidación sistemática de comunistas, judíos, Testigos de Jehová (Bibelforscher), gitanos, enfermos mentales y homosexuales, principalmente, así como a un intenso rearme.

Como dirigente de Alemania, pudo llevar a cabo su sueño de crear un automóvil asequible para todos los ciudadanos, al que pensaba llamar «el vehículo del pueblo» (Volkswagen). Los primeros bocetos del automóvil fueron creados por él mismo, encargando a su amigo y miembro del Partido Nacional Socialista, Ferdinand Porsche, la creación del diseño definitivo. De esta forma nació el coche más vendido de la historia, conocido como Escarabajo. Para su fabricación, Hitler fundó la compañía Volkswagen.

El Volkswagen Escarabajo circuló por otro de los sueños que hizo realidad como máximo mandatario de Alemania: la construcción de las primeras autopistas del mundo.

Vegetariano y ecologista, promulgó las primeras leyes de la historia que penaban el maltrato a los animales.

Promovió un estado del bienestar cimentado sobre la creación de una seguridad social, controlando el precio de la vivienda para que fuera asequible a todos los ciudadanos (las hipotecas suponían aproximadamente un 7% del salario de un alemán medio) y apoyando un nuevo concepto consistente en las vacaciones de ocio asequibles a todo el pueblo.

Entregó a los campesinos tierras en propiedad que anteriormente pertenecían al Estado.

Dueño absoluto de Alemania, mostró sus éxitos contra el paro y en política exterior (reincorporación del Sarre y remilitarización de la Renania en 1936), lo que le valió el apoyo popular. Intervino a favor de Franco en la Guerra Civil Española, consiguió la forzada anexión de Austria y de los Sudetes (1 de octubre de 1938) y continuó la persecución de los judíos, promulgando leyes contra ellos y un ataque directo en la «Noche de los cristales rotos».

Hábil orador y experto en la manipulación de masas, promovió y apoyó las investigaciones sobre la televisión, primero instalando en Berlín un estudio de televisión (llamado Paul Nipkow, que emitió hasta el año 1944) dotado de la televisión electromecánica de diseño Baird, luego requiriendo los servicios del propio John Logie Baird y más tarde apostando fuerte por la televisión electrónica (con tubo de imagen o iconoscopio). A mediados de los años 40 Alemania contaba con la mayor red de televisión del mundo, teniendo sus distintas sedes unidas por cable. La inauguración de los XI Juegos Olímpicos, en agosto de 1936, dio el espaldarazo definitivo a la televisión en general y al régimen en particular: se estima en 150.000 los espectadores que pasaron por las distintas salas públicas de visión.

Segunda Guerra Mundial

El 1 de septiembre de 1939 Alemania y la URSS ocuparon Polonia y dos días después, el 3 de septiembre, Francia y Gran Bretaña declararon la guerra a Alemania, iniciándose así la Segunda Guerra Mundial. Empleó una nueva forma de hacer la guerra conocida como Blitzkrieg (guerra relámpago), conquistando en poco tiempo numerosas naciones europeas que anexionaba a su imperio, como Holanda, Bélgica, Grecia, Yugoslavia y Dinamarca, entre otras. Especialmente brillante fue la conquista de Francia, nación a priori con una potencia militar similar a la de Alemania y a la que derrotó en tan sólo 3 semanas gracias a la ofensiva de Las Ardenas, la cual fue diseñada por él mismo. Tras conquistar Francia, obligó a los dirigentes franceses a firmar la capitulación exactamente en el mismo lugar donde los alemanes habían firmado la rendición tras la Primera Guerra Mundial. Inglaterra evitó la derrota milagrosamente gracias a una heroica actuación de la RAF (Royal Air Force), que consiguió derrotar a una muy superior fuerza aérea alemana en la Batalla de Inglaterra. Entre tanto, Hitler continuó con sus planes para la grandeza del Tercer Reich -al que él se refería como el Imperio de los Mil Años-, haciéndose cargo personalmente de detalles como la macro reforma urbanística de Berlín, que planeó junto con su arquitecto de cabecera, Albert Speer.

Invadió la URSS el 22 de junio de 1941, pensando en acabar con el «gigante ruso» al cabo de algunas semanas en una rápida campaña al estilo Blitzkrieg; sin embargo, la falta de información respecto de la cantidad de divisiones, armamentos y, sobre todo, el retraso inicial de la campaña en 4 meses le enfrentó al más duro de los inviernos rusos, que le impidió tomar Moscú; además, sitió Leningrado. Adolf Hitler in Paris.jpg

En 1942, Reinhard Heydrich, a los ojos de Hitler el más perspectivo Nazi y su posible sucesor, murió en Praga después de un atentado. Hitler ordenó las matanzas de Lídice y Lezaky. Miles de personas murieron en Bohemia.

Después hizo girar el eje de las operaciones hacía el Cáucaso e invadió Crimea y se acercó a Stalingrado, donde se libró una despiadada batalla de desgaste en la cual los soviéticos, aprovechando los débiles flancos de la retaguardia alemana, le inflingieron una de las mayores derrotas. Los rusos cambiaron las tornas del destino y fueron desalojando a los alemanes de su territorio. Junto a ese escenario, en 1944 los Aliados le invadieron por Normandía, combatiéndosele por tanto en dos frentes.

Hitler jamás consideró capitular en la guerra, aun cuando fue evidente que ésta ya estaba perdida para el ejército alemán. Prohibió a sus generales rendirse y ordenó combatir hasta el final; incluso persiguió y mandó asesinar a quienes plantearon la rendición, la huida o iniciaron negociaciones de paz con los Aliados. Por ejemplo, se sabe del brutal interrogatorio y posterior ejecución de Hermann Fegelein, hombre cercano a Heinrich Himmler y cuñado de Eva Braun, como resultado del ataque de ira que Hitler y Joseph Goebbels sufrieron al enterarse de que Himmler intentaba pactar la paz con Eisenhower y Bernardotte.

Adolf Hitler fue blanco y objeto de varios atentados(Vease: Atentados contra Hitler), algunos urdidos por militares alemanes (por ejemplo, un año antes, la Wehrmacht había intentado asesinarlo), de los que siempre escapó con vida.

El más importante fue el de julio de 1944, liderado por Klaus von Stauffenberg, que provocó el suicidio obligado de Erwin Rommel.

Muerte de Hitler


Stars & Stripes & Hitler Dead2.jpg Los detalles de su muerte siguen siendo debatidos y no comprobables todavía al ciento por ciento.

La versión oficial de los aliados —que concuerda con la versión dada por su secretaria personal, Traudl Junge, en el libro Hasta la última hora: la secretaria de Hitler cuenta su vida (Bis zur letzten Stunde: Hitlers Sekretärin erzählt ihr Lebendos) y con la versión de Joachim C. Fest, historiador y biógrafo, en El hundimiento (Der Untergang)— indica que Hitler renunció a intentar huir de Berlín y se suicidó con un tiro de revólver y, al mismo tiempo, ingiriendo una cápsula de cianuro en su búnker, a 16 metros de profundidad en el subsuelo del edificio de la Cancillería en Berlín, junto a su nueva esposa Eva Braun y rodeado de unos pocos incondicionales, el 30 de abril de 1945, cuando el Ejército Rojo, dirigido por el mariscal Zhúkov, tomaba Berlín y se encontraba a menos de 300 m del búnker. El 30 de abril Hitler tomó la determinación de suicidarse junto a su flamante esposa Eva Braun, Hitler almorzó en compañía de sus secretarias en un silencioso ambiente, Hitler almorzó una especie de ravioles vegetarianos, luego del almuerzo hizo matar a su perra Blondie.

Luego dio a su ayudante Otto Günsche instrucciones estrictas sobre la cremación de su cuerpo y el de su esposa, probablemente para evitar que fueran exhibidos como «trofeos de guerra», recordando el ultraje del cadáver de su amigo Benito Mussolini, que fue colgado desnudo boca abajo junto con el de su amante en una gasolinera de Milán, donde fue golpeado, escupido y despreciado durante días. El siguiente relato procede del testimonio de Otto:

Hitler se retiró a eso de las 16 horas junto a Eva Braun a su despacho privado contiguo a la sala de mapas y Otto Günshe se paró frente al despacho esperando el momento de entrar, le acompañaba Lingue. Se sintió un disparo ahogado y Günshe espero unos 15 minutos de acuerdo a instrucciones, posteriormente Lingue ingresó a la habitación de dos ambientes. Hitler estaba recostado a un extremo del sofá con un tiro en la sien de la cual aún manaba sangre, su boca tenía una grotesca mueca.

Eva Braun estaba recostada al otro extremo con los ojos abiertos y una mueca de dolor en su rostro, una pistola estaba en la mesa a su disposición, pero no alcanzó a usarla pues el cianuro había sido rápido.

En efecto, Lingue seguido de Günshe en entrar al compartimiento de Hitler, y una vez confirmada su muerte levantó los cuerpos envueltos en una alfombra y los sacó al patio trasero de la Cancillería, en unos momentos en que llovían obuses rusos por doquier.

Günshe depositó ambos cuerpos en un orificio de obús, los roció con unos 200 lts. de gasolina y les prendió fuego. Mientras se consumían, unos cuantos testigos, entre ellos Martin Bormann, Goebbels, entre otros , realizaron un nervioso y acongojado saludo militar, mas un obús que estalló cerca les obligó a volver al búnker sin verificar la total consumación de la incineración.

Su muerte se puso en duda durante mucho tiempo, creándose toda suerte de mitos.

Recientes versiones surgidas en los años 1990 del lado ruso confirman que los soviéticos (NKVD), después de una infructuosa búsqueda en la que incluso hallaron a un doble de Hitler suicidado en una habitación de la Cancillería como una forma de despistar, por fin dieron con los restos irreconocibles en parte de Hitler, Braun y la familia Goebbels y que estos, secretamente aun para el mismo general Zhúkov, fueron transportados en cajas especiales a la frontera, a un cuartel militar que luego pasaría a ser territorio de la República Democrática Alemana.

Los rusos confirmaron inicialmente en 1955 la muerte de Hitler, pero no se mostraron evidencias muy sustanciales, salvo algunos detalles odontológicos, lo que confirmaba a pesar de todo que los rusos tenían los cuerpos.

Estos restos permanecieron secretamente enterrados bajo un jardín de dicho cuartel y sólo algunas autoridades de la NKVD sabían dónde estaban, hasta que en los años 1970 fueron exhumados, se le extrajo el cráneo a Hitler y el resto de los cadáveres fue incinerado para evitar que su tumba fuera objeto de veneración. No se ha podido dar con el cráneo de Hitler, pero una parte signada como de Hitler, el hueso parietal de su caja craneana está en un Museo soviético.

Rasgos de su personalidad


El gran interés que despierta la figura de Hitler es precisamente su personalidad y su halo de impenetrabilidad, Hitler era poseedor de un extraño magnetismo y un apasionamiento místico capaz de envolver no sólo a las personas si no que a las masas, además de poseer una gran oratoria gesticular muy estudiada; pero quien haya permanecido con el diría lo mismo que opinó su ministro y arquitecto Albert Speer: «Nunca llegué a conocerle».

Hitler era en sí un individuo muy autosuficiente y solitario, muy pocas personas integraban su séquito personal, se pueden citar a Speer, el fotógrafo Hofmann y el arquitecto Geisler. A ellos les exigía lealtad a toda prueba y discreción.

De su personalidad emanaba una suerte de energía atrayente y dinámica que hacía enardecer en las personas no solo una especie de sumisión, si no de admiración hasta la idolatración, como por ejemplo, Eva Braun, Keitel y Himmler.

En su vida sentimental, muy discreta, se asocian los nombres de Geli Raubal, Eva Braun, Unity Mitford, e Inga Ley.

Una de sus secretarias personales Traudl Junge describió así la esencia que emanaba de la persona de Hitler: «Cuando estaba presente (Hitler) todo el edificio bullía de actividad, todos corrían, los teléfonos sonaban, los radioespectadores no cesaban de enviar y recibir notas de comunicados (...) Cuando él estaba ausente, todo volvía a una monótona normalidad, Hitler era como una especie de dínamo». Traudl Junge describió a Hitler como una persona que presenta dos personalidades una muy considerado y afable y por otro lado, muy fría, iracunda y avasallante en extremo, apasionada y calculadora.

Cita Junge en sus remembranzas: «Hitler era vegetariano, además no soportaba el calor, no se podía fumar delante de él y hacía climatizar sus ambientes a no más de 11° C de temperatura. Otro de los aspectos es que a Hitler le gustaba escuchar chismes, pues lo distraían de su realidad, además, Hitler se acostaba muy tarde, a las tres o cuatro de la madrugada, y se levantaba también muy tarde, entre las 10.00 y las 11.00 horas; el personal militar de la primera planta se acostaba en torno a la medianoche, terminada la última reunión de guerra de cada día, y se levantaba hacia las siete».

Otro de los rasgos característicos de Hitler era su desprecio por la debilidad ante y por el enemigo, sobre todo al judaísmo y en segundo grado al comunismo, su impulsividad y su obcecación por las metas sin importar el costo que esta tuviera, por ejemplo: cuando Brauchistch le solicitó retirada estratégica de Moscú, Hitler se encolerizó diciendo: «¡No me podéis quitar Moscú!, ¡quiero Moscú!»

Lo que más impresionaba a sus generales y allegados era la asertividad de Hitler, era un muy preciso en sus apreciaciones y no le gustaba que lo contrariasen cuando creía tener la verdad, pero si alguien podía demostrarle con fundamentos muy claros una opinión o sugerencia contraria, cedía aunque no siempre. Un ejemplo de esto es cuando cedió ante Himmler por la deportación de los holandeses a Polonia en pro de aumentar el contingente de las SS, primeramente.

Estaba muy consciente de todo lo que ocurría a sus espaldas, jamás llegó a expresar algún comentario de remordimiento por lo que mal ocurriese al que considerase enemigo del Estado alemán.

Albert Speer llegó a emitir el siguiente comentario al respecto: «En el lugar donde debía haber un corazón en el pecho de Hitler, había un gran hueco»

Cuando le tocaba tratar temas técnicos o militares mostraba un acabado conocimiento de estos, llegando a sorprender a sus interlocutores.

Hitler era muy condescendiente con quienes mostraban valor y arrojo en combate, llegó a diseñar el mismo la Cruz de Brillantes, Espadas y Robles para Hans Ulrich Rudel, el célebre piloto de «Stukas».

En su vida íntima, Hitler era como cualquier persona normal, adoraba a su perra pastora Blondi y se mostraba muy cariñoso en presencia de niños. En su vida sentimental Hitler era muy celoso y no permitía a casi nadie inmiscuirse en esos temas.

Legado de Hitler


Durante los Juicios de Nuremberg se acusó a 611 personas, integrantes de las diversas instituciones del Tercer Reich, de cinco delitos: complot, crímenes contra la paz, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad (exterminio) y genocidio. Los principales jerarcas nazis apresados fueron condenados a la horca o a largas penas de prisión; otros murieron en los meses que siguieron a la caída de Berlín.

El nazismo y cualquier reminiscencia ideológica afín fueron prohibidos en toda Europa. En la actualidad la figura de Hitler y el nazismo, su personalidad y hechos son objeto de estudios de toda índole y es constantemente recordada por escritores en biografías reconstruidas.

Uno de los legados de Hitler es el vehículo omnipresente y la firma constructora Volkswagen, cuyo modelo Escarabajo fue diseñado por él junto a Ferdinand Porsche en la década de los 30.

Su libro más famoso, Mi Lucha, está hoy perseguido por los países democráticos (defensores de la libertad de expresión) y es muy difícil de encontrar íntegro y sin comentarios.

Véase también


Bibliografía

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  • Kershaw, Ian: Hitler 1936-1945, Ed. Círculo de Lectores, Barcelona, 2000. ISBN 84-226-8569-8.
  • Roberts, Andrew: Hitler y Churchill: Los secretos del liderazgo, Ed. Taurus Ediciones, Madrid, 2003. ISBN 84-3060-503-7.
  • Solar, David: La caída de los dioses: Errores estratégicos de Hitler, Ed. La Esfera de los Libros, Madrid, 2005. ISBN 84-9734-296-8.
  • Solar, David: El último día de Adolf Hitler, Ed. La Esfera de los libros, Madrid, 2004. ISBN 84-9734-214-3.
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  • Steinert, Marlis: Hitler y el universo hitleriano, Ed. Ediciones B, Barcelona, 2004. ISBN 84-6661-549-0.
  • Trevor-Roper, Hugh: Los últimos días de Hitler, Ed. Nuevas Ediciones De Bolsillo, Barcelona, 2003. ISBN 84-9759-725-7.


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